Política

Milei se atrinchera y ya choca con su propio Gobierno

El Presidente ordenó a ministros y legisladores no admitir problemas en la economía y rechazó las críticas sobre actividad, empleo e ingresos. La estrategia inquieta al ala política, que necesita negociar con gobernadores y aliados mientras empiezan a aparecer diferencias internas por el Presupuesto 2027.

  • 17/09/2026 • 07:17

Javier Milei decidió endurecer su estrategia justo cuando dentro del propio Gobierno aparecen sectores que reclaman mayor flexibilidad. Durante una reunión de casi cinco horas en la Casa Rosada, el Presidente bajó una orden terminante a ministros, diputados y senadores de La Libertad Avanza: “No concedan nada”. La instrucción apunta a rechazar cualquier diagnóstico que plantee un deterioro de la economía y defender sin fisuras el programa oficial.

El presidente Javier Milei encabezó una reunión con legisladores de La Libertad Avanza en Casa Rosada

La reunión dejó expuesta una tensión que empieza a crecer dentro del oficialismo. Milei negó que exista una caída de la actividad, rechazó que se hayan perdido puestos de trabajo y discutió que haya disminuido el poder adquisitivo de las familias. Los legisladores libertarios llegaron a formularle unas 20 preguntas, pero el Presidente sostuvo que el programa funciona y que los problemas que aparecen en determinados sectores responden a una reasignación de recursos dentro de la economía.

El problema para la Casa Rosada es que no todos sus dirigentes están dispuestos a defender esa lectura con la misma contundencia. Legisladores con trayectoria política plantearon internamente que resulta difícil desconocer situaciones que encuentran cuando recorren sus provincias o hablan con empresarios y trabajadores. Uno de los participantes resumió su incomodidad al señalar que no podía “pelearse con la realidad”, una señal de que la disciplina discursiva que exige Milei empieza a encontrar resistencia dentro de su propia tropa.

La posición presidencial también reduce el margen del equipo económico. Economía moderó algunas proyecciones macroeconómicas para 2027, pero cualquier modificación destinada a incentivar la actividad debe atravesar primero el filtro de Milei. Dentro del Gabinete admiten que se estudian medidas para estimular la economía, entre ellas herramientas crediticias, aunque cada iniciativa requiere extensas discusiones antes de obtener la autorización presidencial.

El choque más evidente apareció con el Presupuesto 2027. El equipo económico incorporó un capítulo que buscaba modificar artículos de la Ley de Emergencia en Discapacidad justo cuando el ala política negociaba con aliados para evitar otra derrota parlamentaria sobre ese tema. La decisión generó sorpresa incluso dentro del Gobierno: el Ministerio de Salud no había sido informado sobre el contenido definitivo y Martín Menem tampoco había podido anticipar la maniobra antes de que el proyecto ingresara al Congreso.

La descoordinación resultó especialmente grave porque Discapacidad se convirtió en uno de los terrenos parlamentarios más adversos para el oficialismo. Fuentes libertarias reconocieron que el Gobierno ya había sufrido seis derrotas vinculadas con ese tema y que volver a incorporarlo dentro del Presupuesto podía dinamitar negociaciones que se desarrollaban simultáneamente con bloques aliados. Finalmente, la Casa Rosada decidió retroceder y regresar a la estrategia parlamentaria original.

El episodio expuso dos gobiernos funcionando con lógicas diferentes. El equipo económico pretende profundizar el ajuste y preservar a cualquier costo el equilibrio fiscal, mientras el ala política necesita administrar las consecuencias parlamentarias y construir mayorías en un Congreso donde La Libertad Avanza no tiene números propios. Milei, por ahora, parece inclinarse por la primera posición y exige que cualquier concesión sea mínima.

Patricia Bullrich volvió a marcar una diferencia. La jefa del bloque libertario en el Senado dejó rápidamente la reunión con los legisladores y poco después publicó que había que sostener el rumbo, pero también “acelerar los resultados”. La frase mantiene el respaldo al programa económico, aunque introduce una preocupación que Milei se resiste a admitir: para una parte del oficialismo ya no alcanza con defender el modelo y resulta necesario que sus beneficios aparezcan con mayor claridad en la vida cotidiana.

Karina Milei enfrenta un dilema parecido en el terreno político. Su instrucción es confrontar con dureza contra el kirchnerismo pero preservar los vínculos con aliados y gobernadores, precisamente los dirigentes que el Gobierno necesita para aprobar el Presupuesto, avanzar con la suspensión de las PASO y sostener su agenda legislativa. Sin embargo, la hermana presidencial tampoco quiere entregar demasiado a cambio de esos apoyos.

Esa estrategia ya encuentra límites. El gobernador salteño Gustavo Sáenz, después de reunirse con el jefe de Gabinete Diego Santilli y otros mandatarios del Norte, advirtió que “la paciencia se va acabando” y reclamó reciprocidad al Gobierno nacional. Sáenz integra justamente el universo de gobernadores que acompañó diferentes iniciativas libertarias y que ahora exige respuestas concretas en materia financiera e infraestructura.

La suspensión de las PASO muestra el mismo problema. El Gobierno mantiene la intención de avanzar, pero Patricia Bullrich reconoció en el Senado que todavía no están los votos. Karina pretende que los aliados demuestren primero su respaldo antes de abrir negociaciones electorales más generosas, mientras gobernadores y bloques provinciales reclaman exactamente lo contrario: garantías antes de entregar sus votos.

La contradicción se vuelve cada vez más difícil de administrar. Milei pide no conceder nada en materia económica, Karina busca entregar lo mínimo posible en política y Santilli tiene la tarea de conseguir votos de dirigentes que saben que el Gobierno los necesita. El resultado es una negociación permanente en la que cada aliado aumenta el precio de su acompañamiento y la Casa Rosada dispone de menos herramientas para convencerlo.

Los próximos días pueden convertir esa discusión interna en una pelea mucho más concreta. Este jueves se conocerá el PBI del segundo trimestre; el lunes 21 se publicará el índice de salarios; el miércoles 23 llegarán los datos de ventas en supermercados, mayoristas y shoppings; y el jueves 24 se difundirán el EMAE de julio y la pobreza del primer semestre. Esos indicadores permitirán contrastar el discurso presidencial con los números oficiales.

A esa agenda se suma el regreso del FMI. Una misión del organismo llegará el lunes 21 de septiembre para realizar la tercera revisión del acuerdo, con la acumulación de reservas y el resultado fiscal entre los puntos centrales. El Gobierno superó el objetivo anual de compras de divisas establecido en el programa, aunque incumplió la meta fiscal correspondiente al primer semestre.

Milei apuesta a atravesar ese escenario sin reconocer errores y convencido de que cualquier admisión de dificultades terminaría fortaleciendo a sus adversarios. Sin embargo, dentro del propio oficialismo empieza a aparecer otra mirada: negar los problemas puede servir para disciplinar el discurso interno, pero resulta mucho más difícil cuando los legisladores deben regresar a sus provincias, los gobernadores reclaman recursos y los indicadores oficiales empiezan a hablar por sí mismos.

La pelea que comienza a atravesar al Gobierno ya no es solamente entre halcones y moderados. Es una discusión sobre cómo enfrentar una realidad económica que Milei interpreta de una manera y que parte de su propia tropa observa de otra. Si el Presidente mantiene la orden de “no conceder nada”, el riesgo es que termine cerrando también el margen que necesita su propio Gobierno para corregir, negociar y llegar competitivo a 2027.Esta versión pone el eje en el aislamiento de Milei dentro de su propio esquema de poder, pero sin convertir en hechos las opiniones internas sobre la marcha de la economía: los próximos datos oficiales serán los que permitan medir cuánto respaldo tiene el diagnóstico presidencial.

 

 

 

 

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