Economía

La inflación golpeó a Milei y expuso la fragilidad del plan

El 3,4% de marzo fue un mazazo para la Casa Rosada, que ya no puede ocultar que el ajuste no logra domar los precios, mientras crece la tensión con el campo y Adorni se prepara para un show a todo o nada en Diputados.

  • 15/04/2026 • 09:26

La inflación volvió a pegar donde más le duele al Gobierno: en el corazón de su relato económico. El 3,4% que informó el Indec no solo quedó por encima del umbral psicológico de los tres puntos, sino que además confirmó que el plan de Luis Caputo no está logrando quebrar la inercia inflacionaria aun con el ajuste más feroz de los últimos años. La reacción de Javier Milei fue toda una señal del golpe: reconoció que “el dato es malo”, una admisión poco habitual en una administración que suele maquillar cada tropiezo con propaganda, insultos o desvíos discursivos.
 

El problema para la Casa Rosada no es solo el número en sí, sino lo que ese número revela. Después de meses de recesión, licuación salarial, caída del consumo, paralización de la obra pública y tarifazos, la inflación sigue viajando a una velocidad que hace imposible hablar de estabilización seria. Lejos de entrar en una senda descendente, los precios ya acumulan diez meses consecutivos con presión alcista, y en el mercado nadie descarta que abril sea incluso peor. El Gobierno insiste con que se trata de un rezago monetario o de un bache transitorio, pero cada dato nuevo lo deja más expuesto ante una realidad que no encaja con su dogma.

Hay un dato todavía más sensible que explica por qué en la calle la sensación es de una inflación mucho más alta. La medición oficial sigue subestimando el peso real de los servicios en el gasto cotidiano de las familias. Si se actualizara esa ponderación al verdadero impacto que hoy tienen la luz, el gas, el transporte y otros regulados en el bolsillo, la inflación de marzo habría rozado el 4,1%. Ahí aparece la razón por la cual la percepción social es tan dura: no es una exageración, es que la inflación que vive la gente está por encima de la que refleja el índice.


Ese desfasaje se agrava porque no hay factores visibles que permitan imaginar un alivio cercano. La tensión bélica internacional empuja el precio del petróleo, encarece los combustibles y presiona sobre toda la estructura de costos. A eso se suma la dependencia energética de un país que, por decisión ideológica de Milei y Caputo, frenó obras de infraestructura clave que hoy podrían amortiguar el impacto.



Mientras el Gobierno despreciaba la obra pública como si fuera sinónimo automático de corrupción, dejó sin terminar proyectos que habrían permitido ahorrar importaciones millonarias de gas y mejorar la logística del sistema energético. La consecuencia de ese fanatismo antiestatal se empieza a pagar ahora, en dólares, en inflación y en menor competitividad. Podés leer:¨Ruta 34 al límite: van a la Justicia contra Milei por obras¨. 


La escena de la AmCham expuso con crudeza otra debilidad del modelo. Los empresarios más importantes del país ya no solo reclaman baja de impuestos y apertura, ahora piden infraestructura, rutas, energía, logística y reglas estables. Es decir, todo aquello que el Gobierno decidió dinamitar bajo la fantasía de que el sector privado iba a reemplazar mágicamente al Estado. No ocurrió. No hay capitales extranjeros dispuestos a financiar rutas, gasoductos o tendidos eléctricos en una economía desordenada, con tasas altísimas, recesión y una guerra global alterando los precios. El supuesto “modelo de inversión privada” que vendió el oficialismo se va mostrando, día a día, como otro verso más.

 

En paralelo, se abre un frente todavía más delicado para Caputo: la pelea con el campo. El Gobierno necesita desesperadamente que ingresen dólares de la cosecha para sostener el esquema cambiario, pero los productores no quieren liquidar con un dólar tan atrasado y con retenciones que siguen intactas. La lógica del sector es sencilla: si el tipo de cambio está bajo, los precios internacionales están volátiles y el costo de la próxima campaña viene subiendo, vender ahora es perder. Por eso, quienes pueden retienen la soja. Y ese comportamiento, racional desde el punto de vista empresario, deja al Gobierno frente a una encerrona feroz. Necesita los dólares, pero no tiene margen fiscal para premiar al agro con una baja de retenciones. La tensión ya está planteada y puede convertirse en la madre de todas las batallas para un plan económico cada vez más atado con alambre.

En ese cuadro de deterioro, la Casa Rosada decidió sumar otro factor de descomposición: la ofensiva política para blindar a Manuel Adorni antes de su exposición en Diputados. El jefe de Gabinete llegará al Congreso no solo con el peso de las sospechas sobre su patrimonio, sus propiedades, sus viajes y sus manejos financieros, sino también con una estrategia oficial que combina victimización, agresión y carpetazos. Por sino lo leiste:¨Adorni quedó expuesto en Diputados tras una sesión caliente¨


En el Gobierno ya trabajan sobre declaraciones juradas y antecedentes patrimoniales de diputados opositores para intentar embarrar el terreno y convertir la interpelación en un circo de escándalos cruzados. Es la vieja lógica de siempre: si no pueden explicar lo propio, intentan ensuciar a todos.


El problema es que Adorni no enfrenta solo una sesión incómoda. Enfrenta una pregunta central que todavía nadie en el oficialismo logró contestar: cómo hizo para acumular un nivel de vida, propiedades y movimientos patrimoniales incompatibles con los ingresos que declara. Hasta ahora, la defensa del Gobierno se limitó a patear la pelota a la Justicia, mientras Milei y Karina lo sostienen por temor a que una caída de Adorni los golpee directamente a ellos. La apuesta oficial parece ser aguantarlo hasta el Congreso y ver si puede reconstruir algo de autoridad a fuerza de chicanas. Pero el escenario es mucho más riesgoso que antes: la oposición ya mostró que puede coordinarse y el oficialismo perdió la comodidad parlamentaria de otros tiempos.
 

La inflación de marzo, en ese contexto, no es solo un mal dato económico. Es la bala que entró en un gobierno que ya venía herido por la recesión, por sus internas, por los escándalos de corrupción y por la creciente dificultad para sostener su relato. El plan de Caputo no estabiliza, la calle no convalida, el campo no liquida y Adorni se convierte en una mochila cada vez más pesada para Milei. La gran pregunta ya no es cuándo vuelve la desinflación que prometen, sino cuánto más puede resistir un modelo que ajusta todo, rompe todo y aun así no consigue lo único que dijo venir a resolver: la inflación.

 

 

 

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