La crisis política que atraviesa el Gobierno sumó un dato contundente que enciende alarmas puertas adentro de la Casa Rosada. Una encuesta reveló que el 70% de los consultados considera que el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, es corrupto, en un contexto donde su figura viene acumulando denuncias, polémicas y cuestionamientos públicos.   El número no es menor. Refleja un deterioro profundo en la percepción social sobre uno de los funcionarios más cercanos al presidente Javier Milei, y golpea directamente en el corazón del relato oficial, que había construido su identidad política en base a la lucha contra “la casta” y la corrupción.   El impacto de la encuesta se explica por el contexto. En las últimas semanas, Adorni quedó envuelto en múltiples controversias: desde cuestionamientos por su patrimonio y su estilo de vida, hasta denuncias judiciales por incumplimiento de deberes como funcionario, pasando por su rol en el caso $LIBRA, que sigue escalando en la agenda política y mediática.   Ese cúmulo de situaciones empezó a erosionar su imagen pública de manera acelerada. Lo que en otro momento era presentado como un vocero técnico o un funcionario de perfil bajo, hoy aparece en el centro de la escena política, con una exposición que lo convierte en uno de los blancos principales de la oposición.   La encuesta refleja, además, un fenómeno más amplio. No se trata solo de la figura de Adorni, sino del desgaste general del Gobierno en temas sensibles como transparencia, gestión y credibilidad.   En ese sentido, el dato del 70% no solo mide opinión sobre una persona. Mide confianza en un modelo. Y ahí aparece el problema de fondo para el oficialismo. Porque cuando la percepción de corrupción alcanza esos niveles en un gobierno que hizo de la honestidad su bandera, el golpe es doble. Es político.Y es simbólico. El oficialismo, por ahora, eligió sostener a Adorni. El propio Milei salió a respaldarlo públicamente en los últimos días, dejando en claro que no habrá cambios inmediatos pese al ruido político. Sin embargo, la presión crece. En el Congreso ya se multiplican los pedidos de explicaciones, mientras que en la Justicia avanzan distintas presentaciones que ponen bajo la lupa su desempeño como funcionario. Y en paralelo, la conversación en redes sociales —cada vez más negativa— amplifica el desgaste. El escenario empieza a configurarse con claridad. Adorni dejó de ser un funcionario más Se transformó en un problema político. Y en un gobierno que basa gran parte de su legitimidad en la opinión pública, los números de una encuesta pueden pesar tanto como una denuncia judicial. Porque cuando 7 de cada 10 personas creen que hay corrupción, el daño ya no es solo mediático. Es estructural.Y difícil de revertir.         Canal WhatsApp: https://whatsapp.com/channel/0029VbBqLhV4tRroiQaqOB0M Y en nuestra: Red X (EX Twitter): https://x.com/El_Pulso_P