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Scatturice en Gimnasia y el avance del modelo SAD

El desembarco de empresas ligadas a Leonardo Scatturice en Gimnasia reavivó la interna del club y volvió a encender el debate sobre las SAD. En el Lobo señalan la influencia de Federico Sturzenegger detrás del nuevo esquema impulsado por la conducción de Carlos Anacleto. El desembarco de empresas ligadas a Leonardo Scatturice en Gimnasia reavivó la interna del club y volvió a encender el debate sobre las SAD. En el Lobo señalan la influencia de Federico Sturzenegger detrás del nuevo esquema impulsado por la conducción de Carlos Anacleto.

  • 06/03/2026 • 00:00

El mundo Gimnasia volvió a sacudirse. En medio de la crisis económica que atravesaba el club y tras el paro del plantel por deudas salariales a días del clásico con Estudiantes, la llegada de nuevos sponsors y el reordenamiento institucional reactivaron tensiones internas y un debate que excede al Bosque: el avance del capital privado en el fútbol argentino.

La nueva CD de Gimnasia con el empresario Carlos Anacleto al frente y el ex ministro de Scioli Ricardo Casal como vice.

El punto de inflexión fue la asunción de Carlos Anacleto como presidente, en diciembre pasado. A partir de entonces, la nueva comisión directiva logró levantar inhibiciones, lanzó un ambicioso proyecto de remodelación del estadio y anunció la llegada de los nuevos main sponsors: OCA y Flybondi, empresas que controla el empresario Leonardo Scatturice, empresario de fuertes vínculos con funcionarios de Javier Milei, y uno de los nexos que tiene el Gobierno con la administración Trump.

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La movida generó ruido inmediato en el club. Para sectores opositores, detrás del desembarco de Scatturice aparece la figura del ministro Federico Sturzenegger, socio del club y uno de los principales impulsores del modelo de apertura al capital privado en el fútbol argentino.


La interna del Lobo y el factor político

El vínculo entre la nueva conducción de Gimnasia y el entorno libertario no pasa desapercibido. Anacleto mantiene una relación cercana con Sturzenegger, quien incluso fue invitado a ver partidos desde el palco del club en los últimos meses, en jornadas que incluyeron fuertes reproches de los hinchas.
 

El ministro, además, ya había dejado clara su postura en el debate sobre las SAD: “Soy de Gimnasia y si no traemos capitales no sé dónde estamos. La AFA tiene que adaptarse”, había afirmado en medio de la discusión sobre el modelo de gestión de los clubes.
 

Ese posicionamiento explica parte de las tensiones actuales dentro del Lobo, donde varios sectores sostienen que durante la campaña electoral Anacleto buscó bajar el perfil de esa cercanía política, pero que hoy resulta cada vez más visible.

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El proyecto “mixto” y la reacción de la AFA

El debate escaló cuando la conducción de Gimnasia llevó al Comité Ejecutivo de la Liga Profesional una propuesta de esquema “mixto”, inspirada en el modelo alemán, que contempla ampliar la participación privada en el fútbol de los clubes manteniendo el control mayoritario de los socios.
 

La iniciativa fue presentada por Anacleto frente a Claudio “Chiqui” Tapia, quien respondió que cualquier proyecto debía formalizarse para su análisis institucional.
 

Aunque públicamente el presidente del Lobo rechazó las SAD, en el club hay dirigentes que interpretan el planteo como un paso previo para reinstalar el modelo privatizador en la agenda del fútbol argentino.



El rechazo al modelo de las SAD en Gimnasia no nació ahora. Ya en agosto de 2024 el conflicto había quedado expuesto cuando, en la previa de un partido ante River, aparecieron afiches en las inmediaciones del estadio Juan Carmelo Zerillo con mensajes directos contra Federico Sturzenegger y el avance del capital privado en el fútbol. “No a las SAD, Gimnasia es de los socios” y “persona no grata en nuestro club” fueron algunas de las consignas que circularon, reflejando un rechazo que excedía lo deportivo y se inscribía en una discusión política más amplia.

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La reacción no quedó limitada a la tribuna. En aquel momento, el entonces presidente Mariano Cowen también cuestionó públicamente al ministro y señaló una contradicción estructural: recordó que, como socio, Sturzenegger había adherido a un estatuto y a un modelo institucional que ahora busca modificar. El planteo sintetizaba la tensión de fondo que atraviesa al fútbol argentino: la disputa entre el modelo asociativo tradicional y el avance de una lógica empresarial promovida desde sectores del Gobierno.
 

Desde entonces, el clima no se descomprimió. Banderas, manifestaciones y posicionamientos públicos de socios y dirigentes consolidaron una línea de resistencia que sigue vigente. En ese escenario, lo que se debate ya no es solo un esquema de financiamiento sino el control del sistema futbolístico y el lugar que ocupan los clubes como organizaciones sociales frente a la presión por abrirlos al capital privado.



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En ese marco, lo que aparece cada vez más claro es el objetivo político de Federico Sturzenegger y del Gobierno detrás de la insistencia con las SAD: reinstalar de manera permanente la discusión sobre la privatización del fútbol argentino, aun cuando la Justicia ya puso un freno concreto al avance normativo impulsado desde el Ejecutivo. De hecho, la Cámara Federal de San Martín confirmó la cautelar presentada por la AFA que suspendió los artículos del DNU que habilitaban el ingreso de sociedades anónimas, dejando el tema virtualmente cerrado en términos institucionales. 
 

Sin embargo, lejos de retroceder, el oficialismo volvió a empujar el debate en distintos frentes: desde declaraciones públicas del propio Sturzenegger sobre la necesidad de discutir el modelo de los clubes hasta movimientos indirectos dentro de las estructuras del fútbol, como el intento de instalar esquemas “mixtos” a través de dirigentes afines.  En la AFA la lectura es política: interpretan que la estrategia apunta a desgastar el modelo asociativo tradicional y a abrir gradualmente la puerta a los privados, aun cuando el sistema vigente —basado en asociaciones civiles— mantiene respaldo mayoritario entre los clubes y los socios.

 

Un debate que vuelve
 

En ese contexto, dentro del propio Gimnasia no faltan las comparaciones con lo ocurrido en Estudiantes bajo la conducción de Juan Sebastián Verón, donde el desembarco de capitales privados terminó derivando en tensiones internas, desequilibrios financieros y conflictos contractuales que aún hoy siguen abiertos. Ese antecedente aparece como advertencia puertas adentro del Lobo: para varios dirigentes y socios, abrir la puerta a esquemas híbridos o a la injerencia creciente de privados puede implicar riesgos institucionales similares, especialmente en un escenario donde los compromisos económicos, las decisiones deportivas y la gobernanza del club quedan atados a intereses externos que no siempre coinciden con la lógica social que históricamente sostuvo al fútbol argentino.

 

Este pasado turbulento vuelve a sobrevolar el escenario platense, sobre todo porque trascendió que Gillett también mantuvo conversaciones con la actual conducción del Lobo. Con el contrato de sponsoreo vigente hasta febrero de 2027 y un aporte estimado en 400 mil dólares, el desembarco empresarial ya es un hecho. Pero el verdadero debate recién empieza.
 

Porque en Gimnasia, como en todo el fútbol argentino, la discusión no es solo económica. Es política.

 

 

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