El Gobierno nacional oficializó la designación de Manuel Adorni como nuevo director de YPF, en reemplazo de Guillermo Francos. La decisión no es un simple cambio administrativo: expone un nuevo corrimiento dentro del esquema de poder de Javier Milei, que consolida a su círculo de máxima confianza y reduce la gravitación de los armadores políticos tradicionales. Adorni, hasta ahora vocero presidencial y una de las caras más visibles del relato libertario, desembarca en el directorio de la petrolera de mayoría estatal sin trayectoria previa en el sector energético. Al igual que sus antecesores, el jefe de Gabinete renunció a percibir honorarios como director de YPF y cobrará únicamente su salario como funcionario público. Su llegada refuerza la lectura de que YPF dejó de ser un espacio de equilibrio político para convertirse en una pieza más del engranaje presidencial, subordinada a la lógica comunicacional y de control directo de la Casa Rosada.   La salida de Francos, quien pasará a ocupar la silla que dejó vacante José Rolandi,  no pasó inadvertida. Considerado hasta hace poco uno de los funcionarios con mayor capacidad de diálogo con gobernadores y sectores empresarios, su desplazamiento del directorio de YPF se suma a otros movimientos que lo fueron corriendo del centro de la escena. En el oficialismo admiten que Milei busca minimizar intermediarios y concentrar decisiones en un núcleo cada vez más cerrado. Junto con Adorni, también se formalizó el desembarco del exdiputado del PRO Martín Maquieyra, en el marco de un acuerdo político entre La Libertad Avanza y el espacio que lidera Mauricio Macri.   En ese marco, la designación de Adorni también funciona como un mensaje interno: el Presidente premia la lealtad y la defensa pública irrestricta del modelo, incluso por encima de la experiencia técnica o la trayectoria política. YPF, una empresa clave para la economía, la balanza energética y el vínculo con inversores internacionales, queda así atravesada por la misma lógica que ordena al resto del Gobierno.   Desde la oposición cuestionaron la decisión y advirtieron sobre el riesgo de “politizar” aún más una compañía estratégica, en momentos en que el Ejecutivo impulsa privatizaciones parciales, cambios regulatorios y una redefinición del rol del Estado en el sector energético. También señalaron la contradicción entre el discurso de profesionalización y la designación de figuras sin antecedentes específicos en la materia.   El movimiento confirma, además, que el Gobierno atraviesa una etapa de rotación y ajuste fino en sus cuadros: salen figuras con peso propio, entran funcionarios hiperleales al Presidente. En YPF, esa lógica no es menor. La petrolera vuelve a quedar en el centro de una disputa silenciosa por el control político, en un contexto donde cada silla en el directorio vale poder, caja y proyección.     Canal WhatsApp: https://whatsapp.com/channel/0029VbBqLhV4tRroiQaqOB0M Y en nuestra: Red X (EX Twitter): https://x.com/El_Pulso_P