Daniel Passerini empezó a mover una pieza que hasta hace poco parecía difícil dentro del peronismo cordobés. Después de compartir escenario con Axel Kicillof en La Plata, el intendente de Córdoba capital pidió avanzar hacia una construcción política más amplia y sostuvo que llegó el momento de “dejar los límites partidarios” para encontrar consensos frente al gobierno de Javier Milei. La foto tiene un peso que excede ampliamente la actividad institucional que los reunió. Durante más de una década, el cordobesismo construyó buena parte de su identidad diferenciándose del kirchnerismo y manteniendo una relación distante con las conducciones nacionales del PJ. Que uno de sus principales dirigentes aparezca ahora junto a Kicillof y reclame ampliar acuerdos marca un movimiento que empieza a modificar ese histórico esquema. Passerini es además presidente del PJ de Córdoba capital y uno de los dirigentes con mayor volumen propio dentro del oficialismo provincial. Por ahora evita convertir el acercamiento en un acuerdo electoral y sostiene que todavía es temprano para discutir candidaturas, pero su discurso coincide cada vez más con la estrategia que Kicillof intenta desplegar fuera de Buenos Aires: construir un frente amplio con gobernadores, intendentes, sindicatos, universidades, empresarios y organizaciones sociales. El intendente cordobés fue explícito al plantear que la respuesta a Milei no puede limitarse a una negociación entre partidos. Reclamó incorporar a universidades, gremios, asociaciones civiles, empresarios e industriales y sostuvo que el Gobierno nacional está afectando por igual a distintos sectores. Su propuesta pasa por encontrar puntos comunes entre quienes cuestionan el rumbo de la Casa Rosada antes de discutir quién encabezará electoralmente esa construcción. El eje que utiliza Passerini para justificar esa apertura es económico. El intendente cuestiona el impacto del ajuste sobre provincias, municipios y familias y advierte que el endeudamiento ya forma parte de la vida cotidiana de una porción creciente de la sociedad. También acusa a la Nación de trasladar el esfuerzo fiscal hacia gobernadores, intendentes, jubilados y universidades mientras conserva recursos que, según su posición, deberían regresar a los territorios. Ese diagnóstico encuentra puntos de contacto con el discurso que Kicillof viene utilizando para proyectarse nacionalmente. El gobernador bonaerense busca instalar que la oposición a Milei debe superar las fronteras internas del peronismo y viene acumulando contactos fuera de la provincia, entre ellos una reciente visita a Misiones y ahora la foto con Passerini. El objetivo es darle una dimensión federal al Movimiento Derecho al Futuro y evitar que su eventual candidatura presidencial quede encerrada en el territorio bonaerense. Córdoba resulta estratégica para ese plan. Es el segundo distrito electoral del país y, al mismo tiempo, uno de los territorios más difíciles para cualquier dirigente identificado con el peronismo bonaerense. Durante años, el cordobesismo convirtió la autonomía respecto del PJ nacional en una de las bases de su éxito provincial, por lo que cualquier acercamiento requiere una construcción mucho más cuidadosa que una simple fotografía partidaria. Passerini puede convertirse en uno de esos puentes. Ya había impulsado junto al intendente de Rosario, Pablo Javkin, el espacio Ciudades Unidas, vinculado con una agenda municipal y con sectores cercanos a Provincias Unidas. Su encuentro con Kicillof agrega ahora otra vía de diálogo y muestra que el jefe comunal pretende moverse más allá de los límites tradicionales del peronismo cordobés. Eso no significa que Córdoba haya quedado alineada detrás del gobernador bonaerense. Martín Llaryora mantiene su propio proyecto provincial y el primer objetivo del oficialismo cordobés pasa por sostener su poder territorial. Tampoco Passerini anunció un respaldo a una candidatura presidencial de Kicillof y expresamente evitó adelantar definiciones electorales. Lo novedoso es que comenzó a desaparecer el veto político que durante años dificultó cualquier acercamiento entre ambos universos. La diferencia se observa incluso respecto de meses atrás. Cuando Kicillof visitó Córdoba, Llaryora evitó protagonizar una recepción política que pudiera interpretarse como un acercamiento. Ahora Passerini viajó a La Plata, compartió escenario con el gobernador bonaerense y utilizó una definición de amplitud que inevitablemente repercutió dentro del PJ cordobés. El movimiento coincide además con una etapa en la que el peronismo nacional intenta reducir sus propias fracturas. Kicillof, Sergio Massa, Máximo Kirchner y distintos gobernadores vienen buscando puntos de coincidencia para evitar una dispersión en 2027, aunque persisten diferencias importantes sobre candidaturas, conducción y armado territorial. Incorporar al cordobesismo sería un paso de enorme peso político, pero requerirá respetar una autonomía que sus dirigentes defienden desde hace años. Passerini parece intentar ubicarse precisamente en ese espacio intermedio. No propone que Córdoba se someta a una conducción bonaerense ni anuncia su incorporación al armado de Kicillof, pero plantea que la magnitud de la crisis obliga a abandonar fronteras partidarias que antes parecían infranqueables. Esa definición permite abrir conversaciones sin resolver todavía quién conducirá el eventual frente opositor.   Para Kicillof, la foto resulta funcional a su estrategia federal. Después de construir su base en Buenos Aires, necesita demostrar que puede dialogar con dirigentes que nunca formaron parte de su núcleo político y que incluso pertenecen a tradiciones peronistas históricamente enfrentadas con el kirchnerismo. Córdoba es probablemente una de las pruebas más difíciles de ese objetivo. Para Passerini, en cambio, el acercamiento permite ampliar su propio margen de acción mientras endurece sus cuestionamientos al Gobierno nacional. El intendente insiste en que todavía no llegó el momento de definir candidaturas y coloca primero la necesidad de construir coincidencias frente a las consecuencias económicas y fiscales de las políticas nacionales. La unidad todavía está lejos de estar cerrada y sería prematuro presentar la foto como un acuerdo electoral. Pero el cambio político existe: Córdoba y Buenos Aires empiezan a dialogar sin utilizar el encuentro para marcar sus diferencias, mientras Passerini reclama superar fronteras partidarias y Kicillof busca transformar su estructura bonaerense en una construcción nacional. Si ese acercamiento consigue avanzar, el peronismo podría empezar a reconstruir uno de los puentes que permanecieron rotos durante más de una década. Y para Milei significaría enfrentar un escenario distinto al que encontró al llegar al poder: sectores opositores que durante años compitieron entre sí comienzan, al menos, a discutir qué pueden construir juntos.Este enfoque mantiene la importancia política de la foto sin presentar como cerrado un acuerdo electoral que Passerini todavía niega.           Canal WhatsApp: https://whatsapp.com/channel/0029VbBqLhV4tRroiQaqOB0M Y en nuestra: Red X (EX Twitter): https://x.com/El_Pulso_P