Internacionales

Reino Unido desafía a Argentina y blinda el petróleo de Malvinas

Londres rechazó la ofensiva judicial argentina contra las petroleras que operan en las islas y aseguró que el país “no tiene jurisdicción” para sancionarlas. Además, respaldó la explotación de hidrocarburos y prometió asistencia a las compañías alcanzadas por las medidas de Buenos Aires.

  • 15/09/2026 • 16:00

El conflicto por Malvinas volvió a escalar y esta vez el Reino Unido decidió responder directamente a la ofensiva judicial lanzada por el gobierno de Javier Milei contra las compañías que avanzan sobre los recursos hidrocarburíferos del archipiélago. Londres rechazó la aplicación de la legislación argentina sobre esas empresas, sostuvo que el país “no tiene derecho a ejercer jurisdicción” sobre las islas y ratificó su respaldo a la explotación petrolera que se prepara en la zona.

La respuesta británica llegó mediante una guía oficial destinada a las compañías que desarrollan o pretenden desarrollar negocios vinculados con Malvinas. El documento sostiene que el Reino Unido respalda la actividad económica que considera legítima en las islas y defiende la facultad de sus habitantes para administrar la economía y explotar los recursos naturales, incluidos los hidrocarburos.

Londres fue todavía más lejos al cuestionar directamente las herramientas legales que intenta utilizar la Argentina. El gobierno británico afirmó que las leyes nacionales no pueden aplicarse dentro del archipiélago ni contra empresas o individuos vinculados con actividades comerciales desarrolladas allí, y aseguró que tampoco encuentra fundamento jurídico para que tribunales extranjeros ejecuten eventuales medidas argentinas.

La posición británica choca frontalmente con la argentina. La Constitución Nacional establece el carácter permanente e irrenunciable del reclamo de soberanía sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur y los espacios marítimos correspondientes, mientras el Gobierno sostiene que cualquier exploración o explotación hidrocarburífera realizada sin autorización nacional viola la legislación vigente.

Milei decidió endurecer esa posición durante las últimas semanas ante el avance del proyecto Sea Lion, ubicado en la Cuenca Malvinas Norte. La Casa Rosada anunció un decreto reglamentario, modificaciones legislativas y una batería de medidas administrativas y judiciales destinadas a aumentar las consecuencias para las compañías que participen de la explotación petrolera sin autorización argentina.

La Cancillería, encabezada por Pablo Quirno, presentó además una denuncia penal contra Navitas Petroleum Development & Production, Navitas Petroleum Atlantic, Navitas Petroleum LP, JHI Associates y Eco (Atlantic) Oil & Gas. La presentación sostiene que parte de esas compañías cuentan con licencias otorgadas por las autoridades británicas de las islas para desarrollar actividades en la Cuenca Malvinas Norte y considera que esas operaciones vulneran la Ley 26.659.

La causa quedó en manos del juez federal Julián Ercolini y el fiscal Carlos Stornelli ya requirió avanzar con la investigación sobre responsables de Navitas y Rockhopper Exploration. El expediente busca determinar eventuales responsabilidades penales y reconstruir movimientos económicos relacionados con el desarrollo petrolero, sin que hasta ahora exista una sentencia que determine la comisión de los delitos denunciados.

El centro de la disputa es Sea Lion, un gigantesco proyecto offshore ubicado a unos 220 kilómetros de las islas. Navitas controla el 65% del emprendimiento y comparte el desarrollo con Rockhopper. Las compañías tomaron a fines de 2025 la decisión final de inversión y proyectan comenzar la extracción de petróleo en 2028, lo que convertiría al proyecto en un punto de inflexión económico y geopolítico para el Atlántico Sur.

La Argentina intenta impedir que esa explotación avance sin consecuencias. Además de las denuncias penales, el Gobierno abrió procedimientos administrativos contra decenas de empresas y accionistas relacionados con operaciones hidrocarburíferas en Malvinas y anunció que las nuevas presentaciones también buscarán individualizar a directores, gerentes, administradores y representantes involucrados en las decisiones empresariales.

Londres respondió intentando neutralizar precisamente ese efecto. El mensaje dirigido al mercado es que las empresas pueden continuar trabajando bajo las licencias británicas y que recibirán respaldo del Reino Unido frente a las acciones argentinas. La pelea por Malvinas deja así de concentrarse exclusivamente en la diplomacia y empieza a trasladarse directamente hacia compañías, inversiones, financiamiento y tribunales.

El conflicto también deja una enseñanza incómoda para la política exterior de Milei. El Presidente apostó durante buena parte de su gestión a reconstruir relaciones con Londres y llegó a sostener que la recuperación de las islas debía producirse mediante negociaciones diplomáticas y cuando sus habitantes decidieran acercarse a la Argentina. Sin embargo, mientras Buenos Aires buscaba evitar una confrontación abierta, el proyecto petrolero siguió avanzando hasta ingresar en una etapa decisiva.

Ahora el Gobierno endureció su posición y empezó a utilizar herramientas legales que durante los primeros años de la gestión no habían ocupado el centro de su estrategia. La reacción británica demuestra que el margen diplomático es estrecho: Londres no sólo mantiene su posición sobre la soberanía, sino que considera legítima la explotación de los recursos naturales del archipiélago y pretende proteger a las empresas que participan de ella.

En esta discusión no debería haber lugar para especulaciones partidarias. La defensa de los recursos naturales vinculados con Malvinas constituye una política de Estado que excede a Milei y a cualquier gobierno de turno. Si compañías extranjeras avanzan sobre hidrocarburos ubicados en espacios cuya soberanía reclama la Argentina, el Estado tiene la obligación de utilizar las herramientas diplomáticas y jurídicas disponibles para defender sus derechos.

La verdadera discusión sobre la estrategia de Milei pasa por determinar si la reacción llegó suficientemente temprano y si la Argentina cuenta con una política exterior capaz de transformar esas denuncias en presión internacional efectiva. El alineamiento privilegiado del Presidente con las potencias occidentales no consiguió hasta ahora moderar la posición británica, que volvió a ratificar públicamente que su compromiso con las islas es “absoluto e inamovible”.

La disputa que comienza puede ser mucho más profunda que un intercambio de comunicados. Sea Lion proyecta comenzar a producir petróleo en 2028 y, si ese cronograma avanza, la explotación económica del área puede consolidar todavía más la presencia británica y generar intereses empresariales internacionales asociados a la continuidad del statu quo. Por eso, el tiempo también se convirtió en una variable estratégica para la Argentina.

Londres ya dejó clara su posición: desconoce la jurisdicción argentina, respalda a las petroleras y promete defender sus negocios. Buenos Aires respondió con denuncias penales, sanciones administrativas y nuevas medidas legislativas, abriendo una etapa de confrontación jurídica que puede extenderse mucho más allá de los tribunales nacionales.

Malvinas vuelve así al centro de la política exterior argentina, pero esta vez con miles de millones de dólares en petróleo detrás. El desafío para Milei será demostrar que la ofensiva no queda limitada a anuncios y expedientes judiciales, sino que forma parte de una estrategia sostenida para impedir que el Reino Unido transforme unilateralmente los recursos del Atlántico Sur en otro hecho consumado.Esta vez mantuve la defensa del reclamo argentino por encima de la línea crítica habitual contra Milei, pero marqué el límite de su estrategia diplomática y de su alineamiento internacional. Es un tema donde conviene que El Pulso Político sea contundente con Londres sin perder la capacidad de exigirle resultados al Gobierno.

 

 

 

 

 

 

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