Política

Milei se encierra en su plan y crece la inquietud en el Gobierno

El Presidente endurece su pelea con el periodismo y se niega a modificar el rumbo económico pese a los reclamos internos. La industria y la construcción vuelven a caer, mientras la Casa Rosada mira con atención a Massa y prefiere una polarización con Kicillof para 2027.

  • 13/09/2026 • 12:31

Javier Milei volvió a llevar al extremo su lógica de confrontación justo cuando dentro del propio Gobierno aparecen cada vez más dudas sobre el impacto político de su programa económico. Durante la última reunión de Gabinete, el Presidente definió su enfrentamiento con el periodismo con una frase que sintetiza el clima interno: “Esto es una guerra”. Ninguno de sus ministros lo contradijo. 

La definición no aparece aislada. Milei retomó las reuniones semanales de Gabinete después del período de repliegue en la Quinta de Olivos y pretende imprimirle otra dinámica a una gestión que entra en la etapa decisiva rumbo a 2027. Sin embargo, su respuesta frente a los cuestionamientos sigue siendo profundizar las batallas culturales y rechazar cualquier corrección sustancial sobre el programa económico. 

La economía continúa siendo el terreno donde el Presidente concentra prácticamente toda su atención. Está convencido de que el mandato central que recibió en 2023 fue terminar con la inflación y la última medición de agosto, del 1,7%, le dio al Gobierno un respiro en medio de semanas dominadas por conflictos internos y dificultades para instalar una agenda positiva. 

Pero detrás de ese número aparece una discusión mucho más incómoda. Funcionarios del propio oficialismo reclaman en privado algún tipo de corrección que permita aliviar a sectores particularmente castigados, como la industria y la construcción, y frenar la pérdida de poder adquisitivo de los asalariados. El problema es que esas objeciones prácticamente no encuentran un ámbito donde llegar directamente al Presidente. 

Incluso Luis Caputo habría acercado propuestas para moderar algunas variables y se habría encontrado con la resistencia de Milei. El Presidente tampoco participa de las reuniones de la mesa política y muestra poco interés por las negociaciones con gobernadores, legisladores, sindicalistas, empresarios o referentes del círculo rojo. Esa tarea quedó fundamentalmente en manos de Karina Milei, que paradójicamente aparece hoy como la figura más pragmática dentro del núcleo presidencial. 

La hermana presidencial habilitó durante los últimos meses acuerdos con sectores que el mileísmo había cuestionado con dureza durante sus primeros años. La necesidad de conseguir votos para el Presupuesto 2027, definir qué ocurrirá con las PASO y sostener la agenda legislativa obligó al Gobierno a recurrir a una negociación política que Milei continúa observando desde lejos. 

Patricia Bullrich aparece como una de las pocas figuras oficialistas dispuestas a expresar públicamente parte de esas dudas. La senadora volvió a reclamar mayor “velocidad” para que los resultados económicos lleguen a los argentinos y planteó la necesidad de reducir el costo impositivo general, en lugar de limitar los beneficios a grandes proyectos alcanzados por el RIGI. 

La discusión sobre el denominado Súper RIGI es precisamente otro de los focos de tensión. Dentro del oficialismo existen reparos por el impacto que podría tener sobre la industria nacional si el régimen se aprueba sin requisitos mínimos para proveedores locales y sin mecanismos que permitan competir frente a importaciones provenientes de China. Bullrich busca preservar su vínculo con el electorado que la acompañó en 2023 y que después migró hacia Milei, pero que ahora empieza a mostrar mayor distancia con el Gobierno. 

Ese votante puede convertirse en uno de los grandes protagonistas de la próxima elección. Un estudio de CasaTres muestra una diferencia marcada entre el humor de quienes acompañaron originalmente a Milei y quienes votaron a Bullrich, un sector que aparece considerablemente más crítico. La senadora, además, sigue evitando cerrar cualquier posibilidad respecto de su futuro político y mantiene abierta incluso una eventual candidatura presidencial. 

Mientras el oficialismo discute cómo sostener su base, la Casa Rosada mira cada vez con más atención los movimientos del peronismo. Axel Kicillof continúa siendo el rival que el Gobierno preferiría enfrentar porque consideran que permite recrear una polarización ideológica clara y volver a ordenar detrás de Milei al voto antikirchnerista. 

La figura que empieza a generar más inquietud es Sergio Massa. El exministro niega por ahora una candidatura y asegura que trabaja para unificar al peronismo, pero en el Gobierno reconocen su enorme capacidad para moverse dentro del establishment y construir vínculos con empresarios, gobernadores y dirigentes de distintos espacios. Su influencia dentro del círculo rojo es observada con mucha más atención de la que la Casa Rosada admite públicamente. 

Milei aprovecha esa indefinición opositora porque, mientras no aparezca un candidato capaz de concentrar el rechazo al Gobierno, puede seguir compitiendo fundamentalmente contra sus propios resultados. El problema es que la economía empieza a ofrecer señales contradictorias. Mientras el Presidente publica imágenes de restaurantes y centros comerciales llenos para negar la caída del consumo, los últimos datos oficiales volvieron a mostrar retrocesos en industria y construcción, además de una reducción del empleo registrado entre mayo y junio. 

El endeudamiento familiar y la situación de las personas con discapacidad se sumaron además a una agenda social que complica al oficialismo en el Congreso. La oposición consiguió reunir los votos necesarios para impulsar proyectos destinados a aliviar las deudas de los hogares y prorrogar la emergencia en discapacidad, mientras el Gobierno terminó acompañando parcialmente algunas discusiones al comprobar que ya no podía bloquearlas. 

También se acerca una definición sensible sobre la emergencia sanitaria. Hacia fin de año, el Ejecutivo tendrá que decidir si la prorroga, en medio de advertencias sobre la situación financiera de clínicas y sanatorios. El problema vuelve a ser el mismo: el Gobierno necesita cuidar el gasto, pero cada vez aparecen más sectores que muestran los costos concretos de sostener el ajuste sin correcciones. 

La negociación con los gobernadores será decisiva en ese tramo. Una docena de mandatarios provinciales podría acompañar a Milei durante la Argentina Week en París, justo cuando se discuten el Presupuesto y el futuro de las PASO. La foto internacional servirá también como escenario de una negociación política doméstica que el Presidente evita protagonizar directamente. 

Un hombre con traje azul sonríe de perfil, rodeado de personas, con dos figuras vestidas con uniforme y gorro ceremonial en primer plano

Diego Santilli intenta ocupar ese vacío. Desde su llegada a la Jefatura de Gabinete comenzó a recuperar vínculos con gobernadores, empresarios y sectores del PRO, mientras prepara su desembarco bonaerense con aspiraciones de competir por la Gobernación. Al mismo tiempo intenta mantener equilibrio entre Karina Milei, los Menem y Santiago Caputo, una interna que continúa atravesando el funcionamiento cotidiano del oficialismo. 

La provincia de Buenos Aires será uno de los campos de batalla decisivos porque concentra buena parte del impacto industrial y social del programa económico. Santilli deberá construir allí una candidatura competitiva en un territorio donde la caída de actividad golpea con especial intensidad y donde todavía no está claro quién encabezará al peronismo.

A todo eso se sumará en los próximos meses la visita del papa León XIV. El Vaticano ya avanzó sobre una agenda que incluiría encuentros vinculados con discapacidad, movimientos sociales, trabajo y la CGT, justamente algunos de los sectores que mantienen mayores conflictos con la Casa Rosada. Dentro del Gobierno admiten preocupación porque el discurso social del Pontífice puede confrontar directamente con varias de las prioridades libertarias. 

Milei llega así a la recta final de su mandato frente a una paradoja. Todavía no tiene enfrente una oposición ordenada ni un candidato capaz de sintetizar todo el descontento, pero tampoco consiguió transformar la desaceleración inflacionaria en una mejora suficientemente amplia de la actividad, el empleo y los ingresos.

Por eso hoy el principal rival del Presidente sigue siendo su propio Gobierno. Si la economía logra mejorar antes de que aparezca una alternativa opositora competitiva, Milei llegará fortalecido a 2027. Pero si la industria continúa cayendo, el empleo se debilita y el poder adquisitivo no se recupera, el problema dejará de ser quién compite enfrente.

Será cuánto aguanta un modelo que el propio Presidente se niega a corregir.

 

 

 

 

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