Política

¿Cristina busca frenar a Kicillof y agita la interna del PJ

La expresidenta desconfía del proyecto presidencial del gobernador y distintos sectores del kirchnerismo exploran alternativas para disputarle la candidatura en 2027. Massa, Zamora y Wado de Pedro aparecen en el tablero, pero Kicillof tiene una ventaja difícil de ignorar: las encuestas lo ubican como el dirigente que mejor hereda el voto de Cristina.

  • 11/09/2026 • 07:05

La interna del peronismo empieza a entrar en una etapa decisiva y el principal conflicto ya no pasa solamente por cómo enfrentar a Javier Milei, sino por quién se quedará con el liderazgo opositor si el Gobierno llega debilitado a 2027. Axel Kicillof aparece hoy como el candidato natural por volumen electoral y por conducir la provincia de Buenos Aires, pero Cristina Kirchner mantiene una fuerte desconfianza hacia su proyecto y diferentes sectores empiezan a trabajar para evitar que llegue sin competencia a la candidatura presidencial.

La paradoja es que el principal activo de Kicillof está precisamente entre los votantes de Cristina. Las encuestas que circulan en la dirigencia peronista ubican al gobernador alrededor del 35% de intención de voto, un nivel similar al que conserva la expresidenta, y dentro del kirchnerismo reconocen que una parte muy importante de esa base lo considera su heredero político e ideológico natural.

Ese fenómeno explica buena parte de la tensión. Cristina puede cuestionar la autonomía que construyó Kicillof y considerar que el gobernador rompió el esquema político que durante años lo tuvo dentro de su conducción, pero tiene un problema más difícil de resolver: sus propios votantes no necesariamente interpretan esa autonomía como una traición. Para muchos, Kicillof continúa representando una continuidad ideológica del kirchnerismo aun cuando haya decidido construir poder propio.

La pregunta que empieza a recorrer al PJ es qué ocurriría si Cristina decidiera respaldar públicamente a otro candidato contra Kicillof. En otras oportunidades consiguió orientar a su electorado hacia Daniel Scioli, Alberto Fernández y posteriormente Sergio Massa, pero ahora la situación sería distinta porque debería pedirle a su núcleo duro que vote contra un dirigente al que buena parte de esa misma base considera su sucesor natural.

Sergio Massa intenta aprovechar esa disputa. El líder del Frente Renovador aceleró sus movimientos durante las últimas semanas, profundizó conversaciones con gobernadores, dirigentes provinciales e intendentes y se presenta como el dirigente capaz de articular las diferentes tribus del peronismo. Su argumento es que para derrotar a Milei no alcanza con tener intención de voto: también hace falta construir una coalición nacional y garantizar acuerdos políticos fuera de Buenos Aires.

Massa tampoco oculta su ambición presidencial. Ante la posibilidad de competir por la gobernación bonaerense como parte de un acuerdo general, su razonamiento es que si realmente tiene volumen suficiente para ganar la provincia también puede aspirar a disputar una segunda vuelta presidencial. Esa posición lo coloca directamente en competencia con Kicillof y explica por qué cada movimiento territorial empieza a tener lectura nacional.

Gerardo Zamora aparece como otra pieza importante. Su origen radical y su influencia entre los gobernadores del Norte lo convierten en una alternativa atractiva para sectores que buscan ampliar al peronismo por fuera de sus fronteras tradicionales. Cerca de Cristina consideran que si el santiagueño consiguiera incorporar varios gobernadores a una coalición nacional, su candidatura adquiriría un peso considerable.

Dentro del kirchnerismo también empezó a circular el nombre de Eduardo “Wado” de Pedro como una opción más directamente identificada con Cristina. La hipótesis sería ofrecer al núcleo duro una candidatura propia para evitar que la disputa termine reducida a Kicillof contra Massa, escenario en el que la expresidenta tendría mayores dificultades para conservar el control político de su electorado.

Kicillof conoce esos movimientos y apuesta a una estrategia diferente: estirar las definiciones. Su entorno considera que cuanto más se acerque 2027 sin que aparezca un rival capaz de superarlo en las encuestas, más difícil será impedir que termine convertido en el candidato natural del peronismo. Esa táctica también le permitiría llegar a la negociación final con mayor autonomía y reducir las concesiones que debería hacer sobre la vicepresidencia, la gobernación bonaerense y las listas legislativas.

Ahí aparece uno de los principales motivos del enfrentamiento con Cristina. Desde el entorno del gobernador creen que el kirchnerismo pretende conservar una influencia determinante sobre una eventual presidencia de Kicillof mediante la definición de cargos y candidaturas, mientras desde el cristinismo sospechan que, una vez instalado en la Casa Rosada, el gobernador podría terminar desplazando definitivamente a la expresidenta del centro de gravedad del espacio. Son interpretaciones de los sectores enfrentados, pero muestran que la discusión ya excede ampliamente una simple candidatura.

Kicillof también tiene una debilidad que sus adversarios explotan: su relación con la dirigencia nacional. Mientras Massa multiplica contactos con gobernadores, intendentes y referentes de otras provincias, al bonaerense le reclaman mayor presencia territorial y una construcción más personal con quienes deberán acompañarlo si pretende transformarse en candidato presidencial. Incluso dirigentes que ven con buenos ojos su postulación le advierten que deberá salir de la lógica bonaerense y construir vínculos mucho más sólidos en el interior.

El gobernador parece haber tomado nota y comenzó a buscar interlocutores fuera del peronismo tradicional. Su estrategia combina tres movimientos: diferenciarse claramente de Milei, evitar una ruptura pública con Cristina y ampliar hacia sectores provinciales que puedan darle volumen federal. Los contactos con dirigentes radicales y gobernadores alejados de la conducción kirchnerista forman parte de ese intento por construir una candidatura que no dependa exclusivamente de Buenos Aires.

El problema es que el tiempo también juega para sus adversarios. Durante las últimas semanas comenzó a advertirse una mayor coordinación entre Cristina, Massa y Zamora, mientras la discusión sobre las PASO adquiere una importancia cada vez mayor. El Gobierno trabaja para eliminarlas y esa decisión podría alterar por completo la forma en que el peronismo resuelva su candidatura.

 

Kicillof necesita una competencia abierta porque entiende que una primaria le permitiría resolver directamente con los votantes la pelea por el liderazgo. Massa y el kirchnerismo tienen mayor capacidad para negociar en las estructuras partidarias y entre dirigentes, mientras el gobernador confía en que su ventaja electoral le permitiría imponerse si la definición se traslada a las urnas.

Por eso detrás de la discusión electoral existe una pelea mucho más profunda. No se está debatiendo únicamente qué mecanismo utilizará el peronismo para elegir candidato, sino quién tendrá la capacidad de ordenar al espacio después de Cristina. La expresidenta conserva poder sobre la dirigencia, las listas y una parte importante de la estructura partidaria, mientras Kicillof empieza a construir una legitimidad propia basada en intención de voto y territorio.

El riesgo para Cristina es que intentar bloquearlo termine fortaleciendo aquello que busca evitar. Si sus votantes consideran a Kicillof el heredero natural y perciben que la conducción intenta impedir su candidatura mediante acuerdos de cúpula, el conflicto podría transformarse en una disputa entre la voluntad de la dirigencia y la preferencia de la base electoral.

Milei observa esa pelea con interés porque una ruptura del peronismo sería probablemente uno de sus mejores escenarios para 2027. Pero el Gobierno tampoco puede confiar exclusivamente en que sus adversarios se destruyan entre ellos: el propio oficialismo atraviesa internas y trabaja para eliminar las PASO mientras Patricia Bullrich conserva aspiraciones presidenciales.

El peronismo deberá resolver entonces su contradicción más importante. Cristina quiere conservar capacidad para ordenar la sucesión, Massa intenta demostrar que puede reunir al conjunto del espacio y Zamora ofrece una salida federal, pero Kicillof tiene algo que ninguno de ellos puede ignorar: hoy aparece como el dirigente opositor con mayor volumen propio dentro del PJ.

La disputa ya no consiste solamente en quién enfrentará a Milei. Lo que está empezando a definirse es quién heredará el poder político de Cristina cuando ella ya no pueda ocupar personalmente la candidatura. Y si una parte importante de sus propios votantes ya eligió a Kicillof para ese lugar, impedir esa sucesión puede resultar bastante más difícil que negociarla.

 

 

 

 

Canal WhatsApp: https://whatsapp.com/channel/0029VbBqLhV4tRroiQaqOB0M

Y en nuestra: Red X (EX Twitter): https://x.com/El_Pulso_P