Patricia Bullrich sufrió este miércoles un nuevo revés en el Senado. La jefa del bloque de La Libertad Avanza había trabajado para llevar al recinto la reforma de la Ley de Biocombustibles, pero la falta de apoyos obligó al oficialismo a suspender la reunión de Labor Parlamentaria y, con ella, la sesión prevista para este jueves.  La caída de la convocatoria vuelve a mostrar un problema que ya se transformó en estructural para Javier Milei: el Gobierno no tiene una mayoría propia y tampoco conserva aquel grupo de aliados que durante buena parte de su gestión le permitió completar los números. Cada ley necesita ahora una negociación distinta y los senadores provinciales dejaron de acompañar automáticamente las prioridades de la Casa Rosada. El proyecto de Biocombustibles había conseguido dictamen de mayoría el 3 de septiembre, pero ese avance no alcanzó para garantizar los votos en el recinto. La iniciativa propone elevar el corte obligatorio de bioetanol en las naftas al 15% y llevar gradualmente el biodiésel en el gasoil al 10%, además de incorporar límites a la concentración empresaria y nuevas reglas para la contratación.  Detrás de la discusión técnica existe una pelea económica mucho más profunda. Las provincias productoras de bioetanol presionan para aumentar los porcentajes de corte y garantizar mercado para la caña de azúcar y el maíz, mientras dentro del biodiésel existe una disputa entre grandes compañías integradas y PyMEs regionales que temen perder participación. Esa fractura atraviesa tanto al oficialismo como a la UCR y a los bloques provinciales.  Las pequeñas y medianas empresas del sector fueron especialmente duras con el dictamen impulsado por Bullrich. La Cámara de Empresas Pymes Regionales Elaboradoras de Biocombustibles sostuvo que los cambios son insuficientes y advirtió que el esquema puede favorecer la concentración de la producción de biodiésel en grandes compañías del polo agroexportador santafesino.  Ese conflicto terminó erosionando los votos que Bullrich necesitaba para llegar al recinto. Desde el oficialismo admitieron que quienes venían impulsando la reforma no lograron reunir finalmente los apoyos necesarios, mientras en las provincias del Norte responsabilizan por el fracaso a la interna del biodiésel.  La caída de la sesión arrastró además otros temas que estaban previstos en el temario. Quedaron postergados acuerdos vinculados con el traspaso del fuero penal juvenil a la Ciudad y los pliegos de Juan Pedro Galván Greenway y Alejandro Catania para cargos en la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Contencioso Administrativo Federal. Una nueva convocatoria podría realizarse la semana próxima.  El traspié adquiere todavía más relevancia porque Bullrich venía intentando mostrarse como la funcionaria capaz de ordenar el Senado frente a las dificultades políticas de Karina Milei. Durante los últimos meses se diferenció de la secretaria general justamente asegurando que las leyes sólo podían avanzar cuando existían votos reales y que forzar sesiones sin números terminaba exponiendo al Gobierno a derrotas innecesarias. Esta vez quedó atrapada en su propia advertencia. La jefa libertaria había conseguido llevar la reforma de Biocombustibles a dictamen después de varias semanas de discusiones y modificaciones, pero no consiguió transformar ese acuerdo en una mayoría suficiente para el recinto. El episodio muestra que ni siquiera una negociación encabezada directamente por Bullrich alcanza cuando los intereses provinciales atraviesan a todos los bloques. La situación se vuelve todavía más incómoda por la intervención de Economía en otras negociaciones abiertas con los radicales. Luis Caputo tiene un peso cada vez mayor en la agenda parlamentaria porque buena parte de los cambios reclamados por los aliados tienen impacto fiscal o productivo y necesitan su autorización. El Súper RIGI, por ejemplo, también quedó trabado porque la UCR y el PRO exigen mayor participación de proveedores nacionales y Economía debe definir si acepta esas modificaciones.  El Senado empezó a funcionar así como un verdadero límite para el método de Milei. El Gobierno pretende enviar reformas, imponer plazos y conseguir rápidamente los votos, pero los aliados dejaron de aceptar proyectos cerrados y ahora reclaman modificaciones vinculadas con sus provincias, sectores productivos e industrias locales. La UCR es uno de los actores que más cambió su comportamiento. Algunos de sus senadores continúan acompañando iniciativas del oficialismo, pero ya no existe una disciplina automática y dirigentes de provincias productoras se plantan cuando consideran que una reforma afecta intereses locales. Esa autonomía fue clave tanto para demorar el Súper RIGI como para complicar ahora Biocombustibles.  El contraste quedó expuesto este mismo miércoles. La Libertad Avanza sí logró dictamen para la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central, después de más de cuatro horas de debate con Santiago Bausili y Vladimir Werning, y Bullrich anticipó que intentará llevarla al recinto la semana próxima junto con Inocencia Fiscal II, el Súper RIGI y nuevamente Biocombustibles.  Eso significa que la pelea todavía no terminó. Bullrich intentará reconstruir los votos y acumular varios proyectos en una misma sesión, pero el fracaso de este jueves dejó una señal clara: ya no alcanza con conseguir un dictamen ni con negociar con los jefes de bloque. Cada senador cuenta. Cada provincia pone condiciones. Y cada ley tiene precio político propio. Milei llegó al poder prometiendo terminar con la rosca y gobernar sin negociar con la vieja política, pero el Senado volvió a recordarle que sin acuerdos no hay reformas. Esta vez el golpe fue para Bullrich, que quiso mostrar conducción parlamentaria y terminó obligada a suspender una sesión porque sus propios aliados no acompañaron.               Canal WhatsApp: https://whatsapp.com/channel/0029VbBqLhV4tRroiQaqOB0M Y en nuestra: Red X (EX Twitter): https://x.com/El_Pulso_P