Política

Kicillof diseña su plan para enfrentar a Milei en 2027

El gobernador evita proclamarse candidato, rechaza una unidad construida únicamente con fotografías y apuesta a consolidar un espacio propio antes de definir la fórmula presidencial. Su estrategia combina gestión bonaerense, recorridas federales y una campaña polarizada contra el modelo libertario.

  • 03/08/2026 • 09:43

Axel Kicillof ya piensa en 2027, aunque todavía evita presentarse públicamente como candidato presidencial. El gobernador bonaerense construye un plan propio, amplía el Movimiento Derecho al Futuro y pretende llegar al año electoral con una estructura capaz de discutir el liderazgo del peronismo y enfrentar a Javier Milei.

Su ausencia en la cumbre organizada por Ricardo Quintela en La Rioja respondió a esa estrategia. Kicillof no cree que una fotografía junto con Cristina Kirchner, Sergio Massa y otros dirigentes alcance para reconstruir la unidad opositora. En su entorno consideran agotado el modelo de coaliciones sostenidas únicamente por acuerdos entre las cúpulas.

La experiencia del Frente de Todos funciona como la principal advertencia. Para el gobernador, reunir nuevamente a las mismas figuras sin resolver las diferencias de programa, conducción y método podría recrear una estructura destinada a fracasar. Por eso insiste en que cada sector debe construir su fuerza y que la definición llegue cuando pueda medirse quién tiene mejores posibilidades de derrotar al oficialismo.

Kicillof tampoco planea retomar por ahora el diálogo directo con Cristina. Sostiene que no tiene nada concreto que negociar y que las ofensivas y treguas lanzadas desde el cristinismo fueron decisiones unilaterales. Al mismo tiempo, su administración respalda la presentación de la expresidenta ante la ONU y considera jurídicamente aberrante la condena que derivó en su inhabilitación.

Esa posición busca mantener un equilibrio delicado: defender a Cristina frente a la proscripción sin renunciar a una construcción política autónoma. Kicillof sabe que no puede romper completamente con el kirchnerismo, pero tampoco quiere que su eventual candidatura dependa de una decisión tomada por La Cámpora.

Máximo Kirchner intenta condicionar esa estrategia al insistir con que Cristina debe volver a ser candidata. La presentación internacional reabrió esa posibilidad y, al mismo tiempo, funciona como una barrera frente al crecimiento del gobernador. También circula la hipótesis de una fórmula encabezada por la expresidenta y acompañada por Massa, con el exministro como eventual reemplazo si la Justicia impide finalmente su participación.

Kicillof pretende postergar cualquier definición hasta marzo de 2027. Su fórmula es sencilla: ampliar su espacio, recorrer el país, medir respaldos y sentarse luego con encuestas en la mano. No quiere convertirse en candidato únicamente por ambición personal, sino demostrar que se encuentra en condiciones reales de derrotar a Milei.

Los últimos sondeos alimentaron ese optimismo. Una medición de Delfos lo ubicó con el 48% en un eventual balotaje frente al 36,2% del Presidente. El mismo estudio registró una desaprobación del 74% para la gestión libertaria, mientras otras consultoras también mostraron una imagen negativa elevada de Milei. Se trata de escenarios todavía abiertos, pero reflejan el desgaste provocado por la situación económica.

El gobernador entiende, sin embargo, que el rechazo al Gobierno no se trasladará automáticamente hacia el peronismo. Su identificación con el kirchnerismo genera resistencias en distritos como Córdoba y Santa Fe, donde necesita demostrar que puede construir un discurso productivo y federal sin quedar encerrado en la política bonaerense.

Para enfrentar ese límite, Kicillof muestra la gestión de la provincia. En su entorno destacan las obras, las escuelas, los caminos rurales y los resultados electorales obtenidos en localidades agrícolas del interior bonaerense. La apuesta consiste en presentar un Estado que planifica, invierte y sostiene servicios como contracara del retiro nacional impulsado por Milei.

La campaña que imagina será personal y polarizada: Kicillof contra Milei. Sin grandes fotografías de dirigentes ni rejuntes destinados a disimular diferencias. El gobernador cree que puede ofrecer tranquilidad, sensatez y una propuesta de desarrollo productivo frente a un Presidente que convirtió la confrontación permanente en método de gobierno.

El deterioro del consumo aparece como uno de los ejes centrales. En Pilar se prepara una nueva experiencia de club del trueque, donde familias intercambiarán bienes y servicios sin utilizar dinero. Para el kicillofismo, esa imagen resume mejor que cualquier estadística el impacto social del modelo libertario.


Los detalles de su programa económico todavía no están completamente definidos. Kicillof evita anticipar qué hará con la deuda o cómo organizará las cuentas nacionales sin conocer el escenario que heredaría. No obstante, reivindica la administración bonaerense y recuerda que la provincia paga salarios, alimentos, medicamentos y obras sin asistencia del Gobierno nacional.

La discusión electoral bonaerense también forma parte del plan. Aunque en 2025 defendió el desdoblamiento, ahora su equipo analiza la posibilidad de unificar las elecciones provinciales y nacionales. Una candidatura presidencial de Kicillof necesitaría el despliegue de los intendentes y la potencia electoral de Buenos Aires.

La decisión dependerá, en buena medida, de la continuidad de las PASO. Si Milei no consigue eliminarlas, las primarias bonaerenses seguirán atadas a las nacionales y la concurrencia será prácticamente inevitable. El gobernador ya consulta a sus pares provinciales para conocer si acompañarán la reforma electoral que impulsa la Casa Rosada.

Kicillof parece tener una certeza: el principal problema del peronismo no es la fecha de las elecciones, sino la tensión interna. Sin una forma democrática de resolver las candidaturas y sin un programa común, cualquier calendario terminará exponiendo las mismas divisiones.

El gobernador todavía no pronuncia la palabra candidatura, pero cada movimiento responde a ese objetivo. Construye un espacio propio, mide fuerzas con el cristinismo, habla con Massa, suma intendentes y busca mostrarse como la oposición capaz de ofrecer una salida al ajuste.

Frente a un Milei que profundiza su modelo mientras crecen el endeudamiento, la precariedad laboral y el desplome del consumo, Kicillof quiere encarnar una alternativa basada en producción, obra pública y presencia estatal. El desafío será transformar esa intención en un programa concreto y convencer a una sociedad que ya no acepta que la unidad peronista sea solamente una fotografía.

 

 

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