Política

Milei profundiza el ajuste mientras cambia el humor social

El Gobierno insiste con sus reformas estructurales y celebra la baja de la inflación, pero las prioridades de los argentinos ya son otras. El empleo, la caída de la actividad, los salarios y el endeudamiento comienzan a poner a prueba la tolerancia que sostuvo al libertario.

  • 01/08/2026 • 08:28

Javier Milei decidió profundizar su programa económico y enviarle una señal de continuidad al poder financiero y empresarial. La reforma de la Carta Orgánica del Banco Central fue presentada como el comienzo de una nueva etapa, destinada a blindar el equilibrio fiscal y limitar las herramientas de futuros gobiernos.

Sin embargo, mientras la Casa Rosada habla de reformas estructurales, la sociedad comenzó a discutir otra agenda. La inflación perdió el lugar excluyente que ocupó durante los primeros años de la gestión y fue desplazada por la preocupación por el empleo, la caída de la actividad, la pérdida de ingresos y las dificultades para llegar a fin de mes.

El cambio resulta decisivo para el oficialismo. Milei construyó buena parte de su legitimidad alrededor de la desaceleración de los precios y logró que amplios sectores toleraran el ajuste con la expectativa de una recuperación posterior. Ahora, esa paciencia empieza a depender de que la estabilización se transforme en trabajo, consumo y mejores salarios.

Un relevamiento de Aresco realizado en julio mostró que el 58% de los argentinos identifica un problema económico como su principal dificultad. Dentro de ese grupo, el 41% menciona cuestiones laborales o vinculadas con su actividad, mientras que apenas el 17% señala a la inflación.

Otra medición reflejó un cambio todavía más marcado. La inflación, que encabezaba las preocupaciones en enero de 2024, cayó al duodécimo lugar en junio de 2026, con apenas el 2% de las menciones. La sociedad ya no pregunta solamente cuánto aumentan los precios: quiere saber si conservará su empleo, podrá pagar sus deudas y recuperará el poder de compra perdido.

El endeudamiento familiar aparece como una de las señales más delicadas. A julio de 2026, 3,6 millones de personas estaban consideradas deudoras irrecuperables, con al menos una obligación crediticia atrasada durante más de un año. La cifra duplicó la registrada doce meses antes y representa más del 17% de los deudores del sistema financiero.

El presidente Javier Milei anuncia la reforma del BCRA

A pesar de esos indicadores, el Gobierno no planea modificar el rumbo. Dentro de la Casa Rosada aseguran que Milei continuará profundizando el programa y que las reformas no fueron pensadas para responder a las encuestas ni a las urgencias inmediatas del bolsillo.

La propia administración admite que el mensaje presidencial sobre el Banco Central estuvo dirigido principalmente al círculo rojo y no al ciudadano común. El objetivo fue mejorar la evaluación de los mercados, bajar el riesgo país y consolidar la confianza de acreedores e inversores.

Esa definición expone la distancia entre las prioridades oficiales y las de buena parte de la población. Mientras el Ejecutivo intenta convencer a calificadoras y grandes empresas de que no habrá cambios en el programa, millones de familias necesitan respuestas más inmediatas frente a la falta de empleo, la retracción del consumo y la imposibilidad de pagar compromisos básicos.

La cadena nacional tampoco consiguió recuperar la centralidad política que esperaba Milei. La exposición sobre la reforma del Central generó menos de 59.000 menciones en redes sociales, casi un 80% por debajo de la conversación registrada durante su primera cadena nacional, en diciembre de 2023.

El Gobierno insiste en que la reforma monetaria terminará generando inversiones, crecimiento y recuperación salarial. Pero vuelve a pedir tiempo después de más de dos años de ajuste y mientras los beneficios prometidos siguen concentrados en algunos sectores.

La caída de la inflación ya no alcanza por sí sola para sostener el apoyo social. El desafío de Milei es demostrar que su programa puede mejorar la vida cotidiana y no solamente ordenar variables financieras o satisfacer las demandas del mercado.

La tolerancia que acompañó el comienzo de la gestión empieza a mostrar límites. Milei puede profundizar su modelo y blindarlo mediante leyes, pero no puede obligar a la sociedad a esperar indefinidamente. Cuando el trabajo y los ingresos desplazan a la inflación como preocupación principal, el ajuste deja de ser una promesa de futuro y comienza a convertirse en el problema del presente.

 

 

 

 

 

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