Internacionales

No fue fútbol: fue una campaña contra la Argentina

La derrota en la final del Mundial dejó mucho más que un resultado deportivo. En distintos países aparecieron discursos de odio, ataques xenófobos y descalificaciones que buscaron convertir a toda una nación en responsable de prejuicios y estereotipos construidos desde hace décadas.

  • 22/07/2026 • 11:00

Una final del mundo puede dejar tristeza, bronca o alegría. Lo que nunca debería dejar es odio hacia un pueblo entero. Sin embargo, eso fue exactamente lo que ocurrió después de la derrota de la Selección Argentina frente a España. Las redes sociales se llenaron de mensajes que ya no hablaban de fútbol. Hablaban de "los argentinos" como si 47 millones de personas fueran exactamente iguales.






De un día para otro aparecieron artistas, periodistas, dirigentes políticos, influencers y medios internacionales describiendo a la Argentina como un país racista, arrogante, tramposo o violento. Ya no se criticaba una jugada, una actitud o una declaración. Se condenaba a toda una nación.

Ese mecanismo no es nuevo. Es el mismo que utiliza cualquier forma de discriminación: tomar un caso aislado y transformarlo en la supuesta identidad de un pueblo entero. Si un argentino se equivoca, entonces "los argentinos son así". Si un jugador protesta, todo un país pasa a ser acusado de soberbio. Ninguna sociedad merece ser juzgada de esa manera.

Lo más preocupante es que esa campaña coincidió con otro hecho incómodo para algunos sectores: la reivindicación argentina sobre las Islas Malvinas volvió a tener una enorme visibilidad internacional durante el Mundial. A partir de allí crecieron editoriales, publicaciones y mensajes cargados de desprecio que mezclaron deporte, política y viejos intereses geopolíticos para instalar una imagen negativa del país.

La Argentina tiene defectos, problemas y discusiones pendientes, como cualquier democracia del mundo. Pero también tiene una historia marcada por la integración de millones de inmigrantes, por una universidad pública abierta, por un sistema de salud que durante décadas atendió a personas de todas las nacionalidades y por una sociedad que, con sus contradicciones, supo construir oportunidades para quienes llegaron desde otros lugares buscando un futuro mejor.

Por eso sorprende que muchos de los países que hoy levantan el dedo acusador convivan todavía con graves problemas de racismo, xenofobia y exclusión social. La lección parece aplicarse siempre hacia afuera y muy pocas veces hacia adentro.

Lionel Messi, también cancelado.

Perder una final nunca puede convertirse en la excusa para legitimar el odio. El deporte debería servir para acercar pueblos, no para alimentar prejuicios. Cuando la crítica deja de ser deportiva y pasa a señalar a una nacionalidad completa, ya no estamos frente a una opinión: estamos frente a la xenofobia.

La Argentina perdió un partido. Lo que no debería aceptar es que intenten convertir esa derrota en una condena colectiva. Porque cuando el odio necesita inventar un enemigo, el problema nunca está en la víctima. Siempre está en quien decide odiar.

 

 

 

 

 

 

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