La ola de ataques contra la Argentina que comenzó durante el Mundial de Estados Unidos, México y Canadá sigue escalando y ya genera incomodidad incluso entre sectores cercanos al oficialismo. Distintas figuras internacionales, dirigentes políticos y celebridades instalaron en los últimos días un discurso que acusa a los argentinos de racismo, xenofobia y nacionalismo extremo, mientras el Gobierno de Javier Milei mantiene un llamativo silencio frente a la ofensiva. Las críticas no apuntan solamente al Presidente. También alcanzan al canciller Pablo Quirno, quien quedó envuelto en una fuerte polémica luego de compartir publicaciones cuestionando la bandera con la inscripción "Las Malvinas son argentinas" que los jugadores de la Selección exhibieron tras eliminar a Inglaterra en las semifinales del Mundial. Esa reacción generó un amplio rechazo y terminó profundizando el malestar por la ausencia de una defensa institucional frente a los cuestionamientos provenientes del exterior. La controversia se agravó a medida que la campaña internacional dejó de enfocarse exclusivamente en el episodio de la bandera para extenderse a descalificaciones generales contra el pueblo argentino. En redes sociales y en distintos medios extranjeros comenzaron a circular mensajes que describen a los argentinos como una sociedad racista y discriminadora, una narrativa que fue ganando repercusión durante el tramo final del Mundial. Frente a ese escenario, distintos sectores esperaban una respuesta contundente de la Casa Rosada. Sin embargo, hasta el momento el Gobierno evitó impulsar una defensa diplomática o política de la imagen del país. Esa pasividad alimentó nuevas críticas hacia la administración libertaria, especialmente porque el propio Milei había celebrado los triunfos de la Selección y buscó capitalizar el clima de unidad nacional que generó el equipo de Lionel Scaloni. La situación también expuso una contradicción dentro del oficialismo. Mientras desde el exterior crecían los cuestionamientos hacia la Argentina, funcionarios nacionales quedaron envueltos en discusiones sobre el significado político de la bandera de Malvinas, un símbolo que para gran parte de la sociedad representa un reclamo histórico de soberanía y no una consigna partidaria. El episodio vuelve a colocar a la política exterior del Gobierno bajo la lupa. La falta de una respuesta oficial frente a una campaña internacional que afecta la imagen del país contrasta con la rapidez con la que algunos funcionarios intervinieron para cuestionar gestos de la propia Selección Argentina. Con el Mundial ya terminado y la agenda política nuevamente concentrada en los asuntos internos, el Gobierno enfrenta ahora otro desafío: responder a una controversia que trascendió el plano deportivo y que abrió un debate sobre la defensa de la imagen internacional de la Argentina y la posición oficial frente a la causa Malvinas.           Canal WhatsApp: https://whatsapp.com/channel/0029VbBqLhV4tRroiQaqOB0M Y en nuestra: Red X (EX Twitter): https://x.com/El_Pulso_P