En medio de la peor crisis política que atraviesa el gobierno de Javier Milei desde el comienzo de su gestión, la Casa Rosada decidió enviar un mensaje contundente: Manuel Adorni no tiene los días contados y tampoco existe un plan para desplazarlo discretamente del poder. Las versiones que durante las últimas semanas hablaron de una eventual salida diplomática, un consulado en el exterior o incluso una licencia temporal fueron descartadas por el propio entorno presidencial. Según reconocieron fuentes cercanas a Javier Milei, la continuidad del jefe de Gabinete depende únicamente de él mismo y no existe ninguna intención oficial de pedirle la renuncia. La aclaración llega después de días de especulaciones sobre una posible estrategia para descomprimir la crisis política que generaron las declaraciones juradas de Adorni, las investigaciones judiciales en curso y los crecientes cuestionamientos provenientes tanto de la oposición como de los aliados parlamentarios del oficialismo. Dentro del Gobierno sostienen que el funcionario está siendo objeto de una ofensiva política coordinada y consideran que ceder ante esa presión sería una señal de debilidad para toda la administración libertaria. Esa lectura explica por qué Javier Milei mantiene una defensa cerrada de uno de sus colaboradores más cercanos, pese al creciente costo político que genera su permanencia. La postura presidencial también implica descartar cualquier solución intermedia. No habrá licencia, no habrá traslado a una embajada ni tampoco una salida elegante diseñada por la Casa Rosada. Si Adorni deja el cargo, repiten cerca del Presidente, será exclusivamente por decisión propia. Sin embargo, el problema para el oficialismo es que la presión no deja de crecer. En el Senado avanzan conversaciones para impulsar una interpelación e incluso una eventual moción de censura. El PRO, la UCR y otros sectores dialoguistas ya manifestaron públicamente su incomodidad con la situación y varios dirigentes consideran que la continuidad del jefe de Gabinete está afectando la agenda legislativa del Gobierno. La oposición, por su parte, intenta aprovechar el desgaste. Unión por la Patria impulsa distintas iniciativas parlamentarias para obligar a Adorni a dar explicaciones sobre su patrimonio y sobre las inconsistencias detectadas en sus declaraciones juradas. Incluso algunos aliados tradicionales del oficialismo comenzaron a admitir que el caso se transformó en un problema político que ya excede la situación personal del funcionario. Frente a ese escenario, Adorni busca ganar tiempo. Confirmó que se presentará el próximo 2 de julio en el Senado para brindar su informe de gestión y responder preguntas de los legisladores. En el Gobierno esperan que esa exposición permita bajar la tensión política y evitar que avance una moción de censura. Mientras tanto, el jefe de Gabinete mantiene una agenda reducida, concentra sus actividades en reuniones de gestión y evita las apariciones públicas. Sus colaboradores aseguran que continúa trabajando con normalidad y que mantiene el respaldo absoluto de Javier y Karina Milei. La paradoja es que cuanto más crecen los cuestionamientos, más firme parece la decisión presidencial de sostenerlo. En la lógica libertaria, desplazar a Adorni equivaldría a reconocer una derrota política. Por eso, al menos por ahora, Milei eligió resistir. El problema es que la crisis ya dejó de ser solamente de Adorni. Se convirtió en una prueba de liderazgo para el Presidente y en un desafío para la gobernabilidad de una administración que necesita imperiosamente mantener a     Canal WhatsApp: https://whatsapp.com/channel/0029VbBqLhV4tRroiQaqOB0M Y en nuestra: Red X (EX Twitter): https://x.com/El_Pulso_P