La crisis política que envuelve a Manuel Adorni comenzó a golpear uno de los pilares más importantes de la gobernabilidad de Javier Milei: su relación con los gobernadores dialoguistas. Aunque ninguno de los mandatarios provinciales salió públicamente a romper con la Casa Rosada, en las últimas horas empezaron a enviar un mensaje claro al oficialismo: no están dispuestos a pagar el costo político de aparecer defendiendo al jefe de Gabinete en medio del escándalo por sus declaraciones juradas y las denuncias sobre su patrimonio. La preocupación es especialmente fuerte en el Senado, donde el Gobierno necesita sostener acuerdos permanentes para evitar que prosperen iniciativas impulsadas por la oposición. Gobernadores que hasta ahora colaboraron con el oficialismo en votaciones clave observan con inquietud el deterioro de la imagen pública de Adorni y consideran que involucrarse en su defensa podría generarles costos políticos innecesarios en sus provincias. El problema para Milei es que esos mandatarios son fundamentales para contener cualquier intento de interpelación, moción de censura o avance parlamentario contra el jefe de Gabinete. Sin embargo, el respaldo ya no aparece garantizado. En varios despachos provinciales consideran que el caso dejó de ser una controversia administrativa para transformarse en un conflicto político que amenaza con afectar la relación entre la Casa Rosada y sus socios legislativos. Dentro del Gobierno admiten que el tema se instaló en las conversaciones con gobernadores y bloques aliados. La preocupación no se limita a la situación personal de Adorni sino al impacto que el escándalo puede tener sobre una agenda legislativa cargada de proyectos que el oficialismo considera prioritarios para la segunda mitad del año. La inquietud también alcanza a los bloques aliados en el Congreso. El PRO, la UCR, el MID y otros espacios que habitualmente acompañan al oficialismo comenzaron a endurecer sus posiciones. Algunos reclaman explicaciones más contundentes, otros impulsan pedidos de interpelación y varios dirigentes ya hablan abiertamente de la necesidad de que Adorni dé un paso al costado para evitar mayores daños políticos. En ese contexto, los gobernadores prefieren preservar su vínculo institucional con Milei sin quedar expuestos en una defensa cerrada del funcionario. La lógica es sencilla: una cosa es sostener la gobernabilidad del Gobierno y otra muy distinta asumir el costo de una crisis que consideran ajena. La situación genera inquietud adicional porque el oficialismo necesita abrir el Congreso para avanzar con proyectos sensibles vinculados a reformas económicas, electorales y administrativas. Varios aliados ya advirtieron que el conflicto Adorni está complicando la dinámica parlamentaria y amenaza con paralizar iniciativas que el Gobierno considera estratégicas. Mientras tanto, en Balcarce 50 continúan las negociaciones para blindar al jefe de Gabinete. Martín Menem, Patricia Bullrich y Diego Santilli mantienen contactos permanentes con legisladores y referentes provinciales para evitar que prospere la ofensiva opositora. Pero incluso dentro del oficialismo reconocen que el escenario se volvió mucho más incierto de lo que parecía hace apenas unas semanas. Por ahora, los gobernadores aliados no rompen con Milei. Tampoco quieren aparecer como parte de una ofensiva impulsada por el kirchnerismo. Pero el mensaje que transmiten a la Casa Rosada es inequívoco: la defensa de Adorni tiene un costo político creciente y cada vez son menos los dirigentes dispuestos a asumirlo. Esa realidad explica por qué, más allá de las denuncias y de las investigaciones en curso, la principal  preocupación del Gobierno ya no pasa únicamente por la situación del jefe de Gabinete. Lo que inquieta a Milei es la posibilidad de que una crisis que comenzó alrededor de un funcionario termine debilitando la red de apoyos políticos que necesita para sostener su programa de gobierno.     Canal WhatsApp: https://whatsapp.com/channel/0029VbBqLhV4tRroiQaqOB0M Y en nuestra: Red X (EX Twitter): https://x.com/El_Pulso_P