El gobierno de Javier Milei atraviesa uno de sus momentos más delicados y el foco vuelve a estar puesto en Manuel Adorni. En medio de una crisis política que no cede, la Casa Rosada decidió convocar a una reunión de gabinete con un objetivo claro: intentar reordenar la gestión y frenar el impacto del escándalo.   El diagnóstico interno es contundente. En el oficialismo reconocen que el caso Adorni no solo generó desgaste, sino que también alteró la estrategia política del Gobierno. La agenda quedó desplazada por las denuncias, las investigaciones judiciales y el conflicto permanente con la oposición, lo que obligó a cambiar el foco y volver a ordenar prioridades. La reunión de gabinete aparece, en ese contexto, como una respuesta directa a esa crisis. No se trata solo de coordinar gestión, sino de reconstruir una imagen de control político. El objetivo es mostrar un Gobierno activo, con iniciativa, después de semanas donde el protagonismo estuvo marcado por los cuestionamientos al jefe de Gabinete.   El problema es que el impacto ya es estructural. Las polémicas en torno a Adorni —vinculadas a su patrimonio, gastos y denuncias judiciales— no solo lo afectan a él, sino que empiezan a condicionar toda la estrategia del Ejecutivo. De hecho, distintos análisis coinciden en que el caso golpeó la credibilidad del Gobierno y complicó su avance legislativo.    En ese escenario, Milei enfrenta una disyuntiva compleja: sostener a un funcionario clave para su esquema de poder o asumir el costo político de una crisis que no se apaga. Por ahora, eligió respaldarlo, pero el costo empieza a acumularse.   El Gobierno intenta pasar de la crisis al control. Pero lo hace con un problema abierto que sigue marcando la agenda.  Y en política, cuando un funcionario deja de ser parte de la solución y pasa a ser parte del problema, el impacto ya no es individual… es de todo el Gobierno.       Canal WhatsApp: https://whatsapp.com/channel/0029VbBqLhV4tRroiQaqOB0M Y en nuestra: Red X (EX Twitter): https://x.com/El_Pulso_P