Otra vez, los jubilados en el medio. Otra vez, los que menos margen tienen para defenderse aparecen como las víctimas de un esquema de abuso, sobrefacturación y fraude montado alrededor de prestaciones que debían garantizarles salud, atención y dignidad. Esta vez, el escándalo estalló dentro del PAMI, donde auditorías internas detectaron una red de irregularidades en prestaciones oftalmológicas que operaba, al menos, en Santiago del Estero, Buenos Aires, Entre Ríos y La Rioja.   Lo que empezó como un control de rutina sobre el sistema de Órdenes Médicas Electrónicas terminó destapando algo mucho más grave: un mecanismo repetido, con patrones similares en distintas provincias, que combinaba consultas inexistentes, lentes facturados por valores inflados, recetas sin respaldo clínico, vínculos familiares entre médicos y ópticas, y cobros ilegales a jubilados por productos que el sistema debía cubrir sin costo. La maniobra más extendida fue la sobrefacturación de anteojos. Según las auditorías, prestadores recetaban lentes de baja graduación, pero los facturaban como módulos de alta complejidad. La diferencia no era menor: un módulo que realmente valía $4.941 podía terminar facturado por $27.204. Es decir, hasta cinco veces más. No se trataba de un error administrativo ni de una diferencia técnica: era el corazón del fraude.   A ese mecanismo se sumaban las llamadas “prestaciones fantasma”: consultas, estudios o prácticas que aparecían cargadas en el sistema, pero que nunca se habían realizado. En algunos relevamientos, hasta el 50% de las órdenes auditadas no tenía respaldo clínico verificable. En otras palabras, el PAMI pagaba por prestaciones que, en los hechos, no existían.   El escándalo se vuelve todavía más indignante cuando aparece el cobro directo a los afiliados. Jubilados que debían recibir lentes gratuitos terminaron pagando de su bolsillo sumas escandalosas. En los casos más extremos, se detectaron pagos de hasta 1.500 dólares más $353.500 por anteojos que debían ser cubiertos por el sistema. La postal es brutal: adultos mayores pagando fortunas por algo que les correspondía por derecho, mientras una red de prestadores exprimía recursos públicos.   En Santiago del Estero, la auditoría confirmó 606 casos de sobrefacturación y un perjuicio económico de $10,4 millones. Pero además encontró un dato clave: un vínculo familiar directo entre el médico que emitía las derivaciones y el titular de la óptica que cobraba las prestaciones. El circuito era redondo: se prescribía, se derivaba y se cobraba dentro de un mismo entramado de intereses. En Entre Ríos, el esquema también se repitió. Se detectaron 613 casos de sobrefacturación y recetas emitidas sin consignar dioptrías, un dato técnico básico para cualquier prescripción de anteojos. Es decir, se facturaban lentes sin siquiera contar con la información mínima necesaria para justificar la práctica. La falta de respaldo médico no frenaba el negocio: lo alimentaba.   Uno de los datos más absurdos del informe muestra hasta dónde llegaba la ficción administrativa. Los auditores detectaron un cardiólogo que acumuló 689 órdenes médicas en un solo día. Para que eso fuera posible, debería haber trabajado más de 108 horas en una misma jornada. El dato no solo es imposible: expone con crudeza cómo se usaba el sistema para fabricar prescripciones y habilitar pagos.   El caso más avanzado judicialmente está en Rafaela, Santa Fe, donde se pidió juicio oral para un médico y una farmacéutica acusados de confeccionar 636 recetas falsas. La maniobra fue descubierta a través del rastreo de direcciones IP: las recetas electrónicas se habían emitido desde computadoras ubicadas en el domicilio comercial de la farmacia, no desde el consultorio del médico que supuestamente las firmaba. El segundo caso se registró en Mar del Plata, donde el Centro Oftalmológico asociado a óptica M (mismo caso) combinó dos irregularidades: afiliados que pagaron de su bolsillo prestaciones que debían estar cubiertas, bajo la lógica del “lente estándar vs. lente premium”, y 58 prestaciones sin historia clínica. Los auditores lo encuadraron como un caso donde el afiliado resulta víctima directa del sistema.   El fraude no aparece como un hecho aislado, sino como parte de un sistema más amplio de descontrol. PAMI ya tiene al menos seis causas judiciales activas vinculadas a auditorías prestacionales, en un contexto que también recuerda el escándalo de ANDIS, donde se investigan irregularidades en prestaciones destinadas a personas vulnerables. La lógica parece repetirse: donde hay sectores débiles, aparecen vivos dispuestos a hacer caja. La actual conducción del organismo, encabezada por Esteban Leguízamo, encontró al asumir un déficit de $92.000 millones y decidió avanzar con auditorías, controles y denuncias penales. Según fuentes del PAMI, la gestión ya recortó cerca de $90.000 millones mediante eliminación de estructuras jerárquicas, centralización de compras y revisión de contratos sospechados de cartelización.   Pero más allá de la auditoría y de las denuncias, el golpe político y social es enorme. Porque no se trata solamente de plata. Se trata de jubilados que fueron engañados, de recursos públicos desviados, de prestaciones de salud convertidas en negocio y de un sistema que durante años permitió que algunos lucraran con la necesidad ajena.   La frase es dura, pero inevitable: otra vez contra los jubilados. Contra quienes hacen colas, esperan turnos, cobran haberes bajos y dependen del PAMI para acceder a tratamientos básicos. Mientras muchos adultos mayores ajustan remedios, comida y consultas, una red de prestadores inventaba órdenes, inflaba facturas y cobraba ilegalmente.   La señal es clara: el fraude en PAMI no puede quedar como una auditoría más. Tiene que terminar con responsables identificados, sanciones concretas y causas judiciales que avancen hasta el fondo. Porque cuando el negocio se arma sobre la salud de los jubilados, no alcanza con indignarse. Hay que desarmarlo completo.       Canal WhatsApp: https://whatsapp.com/channel/0029VbBqLhV4tRroiQaqOB0M Y en nuestra: Red X (EX Twitter): https://x.com/El_Pulso_P