El impacto del ajuste llegó de lleno al transporte público y ya se siente en la vida cotidiana. Durante abril, la frecuencia de los colectivos en el AMBA cayó de manera significativa y encendió una alarma que va más allá de lo técnico: el deterioro del servicio ya afecta a millones de usuarios que dependen del sistema para trabajar, estudiar o moverse todos los días. El diagnóstico del sector es claro. La combinación entre el aumento del precio del gasoil y el atraso en el pago de subsidios generó un fuerte desfasaje en los costos, que las empresas comenzaron a trasladar directamente al servicio con menos unidades en circulación.  El efecto es inmediato y visible. En algunas líneas, los tiempos de espera llegaron a duplicarse, con usuarios que deben aguardar mucho más para poder viajar. La reducción no es aislada ni puntual: forma parte de un recorte progresivo que se viene aplicando desde principios de abril y que podría profundizarse si no hay una respuesta oficial.  El problema central está en los números. El precio del gasoil que reconocen los subsidios quedó muy por debajo del valor real de mercado, lo que genera pérdidas operativas para las empresas. Mientras el esquema oficial calcula costos con valores cercanos a los $1.700 por litro, el combustible se consigue por encima de los $2.100 e incluso más, ampliando la brecha financiera del sistema.    Esa diferencia impacta de lleno en la oferta. Informes recientes ya advertían que la cantidad de unidades en circulación llegó a caer hasta un 30% en promedio y hasta un 40% en algunos servicios, lo que explica el deterioro de las frecuencias y la sobrecarga en las unidades que siguen funcionando.  La acumulación de pasajeros en las paradas y la presión extra por problemas en los trenes conforman una 'tormenta perfecta' en el sistema de transporte del AMBA El Gobierno, por su parte, sostiene que la responsabilidad es compartida con provincias y municipios, en un esquema de subsidios fragmentado que complica la gestión del sistema. Pero mientras se discuten competencias, el problema se traslada a la calle: menos colectivos, más demoras y peor calidad de viaje.  Las empresas ya anticiparon que, si no hay actualización de subsidios o tarifas, los recortes podrían continuar. El escenario abre la puerta a nuevas tensiones, posibles medidas de fuerza y un conflicto que amenaza con escalar en las próximas semanas. Cuando el ajuste llega al transporte, deja de ser un número en una planilla. Se convierte en tiempo perdido, en viajes más largos y en un malestar que impacta directo en la vida diaria. Y ahí, el costo político empieza a correr por otra vía.       Canal WhatsApp: https://whatsapp.com/channel/0029VbBqLhV4tRroiQaqOB0M Y en nuestra: Red X (EX Twitter): https://x.com/El_Pulso_P