La pregunta ya empezó a circular en voz baja, pero cada vez con más fuerza en la política y en el Círculo Rojo: ¿qué viene después de Javier Milei? No es solo una especulación electoral, sino una señal del desgaste que atraviesa el Gobierno y de la incertidumbre sobre su capacidad de sostener el rumbo hasta el final del mandato. El escenario combina dos elementos clave: un oficialismo que empieza a mostrar signos de agotamiento y una oposición que todavía no logra construir una alternativa clara. En ese vacío, lo que aparece no es una transición ordenada, sino una disputa abierta por el futuro político y económico del país.   El desgaste de Milei no es solo político. También es económico y social. La inflación volvió a acelerarse, la recesión golpea a la industria y al consumo, y el modelo de ajuste permanente empieza a mostrar sus límites. La promesa de estabilización, que era el principal activo del Gobierno, ya no funciona como blindaje frente al malestar creciente.   Pero el problema no termina ahí. Del otro lado, el peronismo sigue atrapado en sus propias tensiones. La figura de Axel Kicillof aparece como una referencia, pero con límites claros: su base política se superpone con sectores que hoy lo cuestionan y su proyección nacional todavía no logra consolidarse.   La incógnita es si el peronismo podrá salir de su lógica interna para convertirse en una alternativa más amplia. Porque el escenario que empieza a configurarse no es de dos polos claros, sino de fragmentación y búsqueda.   Ahí entra en juego el establishment. Sectores empresariales, golpeados por el propio modelo que apoyaron, ya empiezan a mirar opciones. El “casting” de candidatos está en marcha, con nombres que van desde dirigentes tradicionales hasta figuras inesperadas, en una señal de que todavía no hay liderazgo definido.   El dato más llamativo es que una parte importante de la sociedad sigue esperando la aparición de un nuevo outsider. Es decir, otro Milei. La desconfianza hacia la política tradicional no se resolvió: simplemente cambió de forma.   En ese contexto, la Argentina entra en una zona de transición incierta. No hay un proyecto dominante claro, no hay una oposición consolidada y tampoco un modelo económico que esté dando resultados.   La pregunta “después de Milei, ¿qué?” no tiene todavía respuesta. Pero lo que sí empieza a quedar claro es el problema: hay un vacío. Y cuando la política no logra llenarlo, ese vacío suele resolverse de la forma más imprevisible.       Canal WhatsApp: https://whatsapp.com/channel/0029VbBqLhV4tRroiQaqOB0M Y en nuestra: Red X (EX Twitter): https://x.com/El_Pulso_P