El gobierno de Javier Milei atraviesa uno de sus momentos más delicados desde que llegó al poder, y el cierre de la semana dejó una conclusión política contundente: en la interna del oficialismo, Santiago Caputo salió fortalecido, mientras Karina Milei quedó golpeada. La tensión dentro del llamado “triángulo de hierro” —el núcleo de poder que integran el Presidente, su hermana y el asesor estrella— ya no es un rumor, sino una disputa abierta que impacta directamente en la gestión. La pelea por el control de áreas clave del Estado, sumada a los errores políticos acumulados en los últimos días, terminó por exponer una dinámica de poder cada vez más desordenada.   En ese escenario, Caputo logró avanzar en espacios estratégicos, consolidando influencia en organismos y decisiones sensibles, incluso en medio de una confrontación directa con el sector que responde a Karina Milei.    La interna no es menor. Karina Milei, históricamente considerada “el jefe” dentro del esquema libertario, venía concentrando el control político y territorial del gobierno. Sin embargo, en los últimos movimientos quedó a la defensiva frente al avance del asesor, que supo capitalizar la crisis y posicionarse como el principal operador del poder real.   El resultado de esta pulseada no es solo simbólico. Mientras el gobierno enfrenta problemas económicos, desgaste político y conflictos judiciales, la disputa interna termina debilitando la capacidad de conducción. La agenda presidencial queda condicionada por una guerra de poder que ya no se disimula y que empieza a generar ruido incluso dentro del propio oficialismo.    En paralelo, la acumulación de errores, contradicciones y crisis comunicacionales configuró lo que distintos sectores ya califican como “la peor semana” de Milei. Un combo que incluyó conflictos políticos, desgaste en la opinión pública y tensiones dentro del gabinete. Y en ese contexto, alguien tenía que ganar y alguien tenía que perder.Caputo entendió el momento.Karina, esta vez, no logró controlarlo.   Lo que deja esta semana no es solo una interna más dentro del gobierno, sino una señal de fragilidad estructural. Cuando el poder se concentra en pocas manos pero esas manos empiezan a disputarse entre sí, el problema ya no es político: es de gobernabilidad.   El dato de fondo es aún más profundo. Milei construyó su poder sobre un esquema cerrado, casi hermético, donde las decisiones pasan por un círculo mínimo. Si ese núcleo entra en crisis, no hay red de contención. Y cuando el conflicto es interno, el desgaste es doble: porque no solo debilita hacia afuera, sino que erosiona desde adentro.         Canal WhatsApp: https://whatsapp.com/channel/0029VbBqLhV4tRroiQaqOB0M Y en nuestra: Red X (EX Twitter): https://x.com/El_Pulso_P