El conflicto universitario sumó un nuevo capítulo con alto impacto político. Docentes de la Universidad de Buenos Aires convocaron a una clase pública frente al departamento de Manuel Adorni en el barrio porteño de Caballito, en una protesta que combina reclamos salariales con un fuerte mensaje político dirigido al Gobierno.   La medida fue impulsada por la Asociación Gremial Docente bajo la consigna de exigir la aplicación de la Ley de Financiamiento Universitario, en un contexto donde los salarios del sector acumulan una pérdida de poder adquisitivo cercana al 36%.    La elección del lugar no es casual. El departamento donde vive Adorni, recientemente expuesto en medio de cuestionamientos por su patrimonio, se transformó en el epicentro de una protesta que busca interpelar directamente a uno de los funcionarios más visibles del gobierno de Javier Milei.  Adorni terminó admitiendo que había comprado un departamento en Caballito que no figura en su declaración jurada del año pasado. Esa propiedad salió a la venta en 2024 y estaba publicada en 340 mil dólares, ubicada a una manzana de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. Desde allí partirán los participantes de la clase pública el próximo martes a las 9.30 que convocó la Asociación Gremial Docente bajo la consigna "Aplicación ya de la Ley de Financiamiento Universitario".   La escena tiene una carga simbólica evidente. Docentes dando clase en la calle, frente a la vivienda de un funcionario que, al mismo tiempo, atraviesa una crisis política propia marcada por denuncias, polémicas por su patrimonio y cuestionamientos por su estilo confrontativo.   El reclamo, sin embargo, excede lo personal. Se inscribe en un conflicto más amplio que atraviesa al sistema universitario, con protestas, tomas, movilizaciones y advertencias sobre el deterioro del financiamiento de la educación pública. En ese marco, la decisión de trasladar la protesta al plano territorial —y directamente al domicilio de un funcionario— marca un cambio en la dinámica del conflicto. Ya no se trata solo de marchas o paros. Se trata de llevar la disputa política a la puerta del poder. Y de exponerla.   La escena de docentes dando clase en la puerta de la casa de un funcionario no es solo una postal de protesta. Es un síntoma. Cuando los conflictos sociales dejan de canalizarse en los ámbitos institucionales tradicionales y se trasladan al terreno personal, es porque la política ya no está logrando procesarlos.   El Gobierno puede intentar minimizar el hecho o reducirlo a una acción gremial puntual. Pero el mensaje es más profundo: el ajuste ya no se discute solo en números, se vive en la calle. Y cuando eso ocurre, el conflicto deja de ser sectorial para transformarse en un problema político de fondo.         Canal WhatsApp: https://whatsapp.com/channel/0029VbBqLhV4tRroiQaqOB0M Y en nuestra: Red X (EX Twitter): https://x.com/El_Pulso_P