La situación del jefe de Gabinete, Manuel Adorni, sumó un nuevo capítulo que profundiza la crisis política que atraviesa el Gobierno. El piloto del vuelo privado a Punta del Este declaró ante la Justicia y contradijo de manera directa la versión que había dado el funcionario sobre quién financió el viaje.   El testigo, el bróker aeronáutico Agustín Issin, aseguró ante el juez Ariel Lijo que el vuelo fue contratado y pagado por el periodista Marcelo Grandío, amigo personal de Adorni y vinculado a la TV Pública.    La declaración no es un dato menor. Es un golpe directo a la línea defensiva que había construido el propio Adorni, quien había sostenido públicamente que el viaje había sido abonado con su dinero. Pero ahora, con documentación y testimonios en la causa, el escenario cambia. Según explicó Issin, tanto el vuelo de ida como el de regreso fueron gestionados por Grandío. El viaje de ida fue facturado a su productora, mientras que el de vuelta fue abonado en efectivo, a través de un intermediario, por un monto cercano a los 3.000 dólares.  Ese detalle abre otro frente. Porque no solo contradice la versión oficial. También introduce elementos que la Justicia analiza con atención: pagos en efectivo, facturación posterior al viaje y un esquema de contratación poco transparente. El propio piloto explicó además que el vuelo formaba parte de un paquete de viajes privados adquiridos previamente, lo que permitió abaratar costos mediante la modalidad de “pata vacía”, una práctica habitual en el negocio aerocomercial.  Pero el problema ya no es técnico. Es político. Porque la contradicción entre lo que dijo Adorni y lo que surge del expediente debilita su posición en un momento donde su figura ya estaba bajo cuestionamiento por múltiples denuncias y polémicas. El caso empieza a tomar otra dimensión.Ya no se discute solo un viaje.Se discute la veracidad del relato oficial. Y en un gobierno que hizo de la comunicación su principal herramienta de poder, ese punto es crítico. Además, la presencia de Grandío en la trama agrega un elemento incómodo. Se trata de un periodista con vínculos con el Estado, cuya participación en el financiamiento del viaje abre interrogantes sobre posibles conflictos de intereses. La investigación sigue en curso, pero el impacto político ya está en marcha. Porque cada nuevo dato no solo complica a Adorni. Complica al Gobierno. Y alimenta una narrativa que empieza a repetirse: la distancia entre el discurso público y lo que muestran los hechos.   En ese contexto, el caso del vuelo a Punta del Este deja de ser una anécdota. Se transforma en un símbolo. De cómo una gestión que prometía transparencia absoluta empieza a quedar atrapada en sus propias contradicciones.     Canal WhatsApp: https://whatsapp.com/channel/0029VbBqLhV4tRroiQaqOB0M Y en nuestra: Red X (EX Twitter): https://x.com/El_Pulso_P