Economía

Martínez de Hoz: el plan económico que marcó una época

A 50 años del golpe, el modelo de 1976 vuelve al centro del debate.

  • 24/03/2026 • 09:09

 

A medio siglo del golpe de Estado de 1976, el programa económico de la dictadura vuelve a ocupar un lugar central en el debate público. El 2 de abril de ese año, el entonces ministro de Economía José Alfredo Martínez de Hoz presentó en cadena nacional un plan que marcaría un giro profundo en la estructura económica del país.

Emilio Massera, Jorge Videla, Orlando Agosti, los tres dictadores que comandaron el golpe del 24 de marzo de 1976.

El anuncio, respaldado por la Junta Militar encabezada por Jorge Rafael Videla, no fue solo una respuesta a la crisis del momento. Fue el inicio de un modelo basado en la desregulación, la apertura económica y la centralidad del mercado como organizador de la vida económica.
 

El programa tenía un eje claro: reducir el rol del Estado y liberar las variables clave de la economía. Entre sus principales medidas se encontraban la eliminación de controles de precios, la apertura del comercio exterior, la liberalización del sistema financiero y la flexibilización de las condiciones laborales.
 

La palabra “libertad” atravesaba todo el esquema. Libertad de precios, de importación, de exportación, de tasas de interés, de movimiento de capitales. Un paradigma que buscaba romper con décadas de intervención estatal y modificar de raíz el funcionamiento del aparato productivo.

 

El contexto era crítico. La Argentina venía de una fuerte crisis económica tras el Rodrigazo de 1975, con inflación descontrolada, caída del producto y un sistema político en descomposición. En ese escenario, el plan de Martínez de Hoz fue presentado como una solución estructural.
 

Pero sus efectos marcaron un antes y un después. La apertura económica y las altas tasas de interés impactaron de lleno en la industria nacional, mientras que la liberalización financiera dio lugar a un proceso de especulación que se volvería característico de la época.
 

La llamada “plata dulce” sintetizó ese fenómeno: una economía donde el negocio financiero desplazó a la producción.
 

A eso se sumó un fuerte endeudamiento externo, facilitado por el contexto internacional de abundancia de capitales, que terminaría explotando a comienzos de los años 80.
 

El plan no fue estático. Incluyó ajustes posteriores, como la “tablita cambiaria”, que buscó contener la inflación pero terminó profundizando los desequilibrios.
 

Aun así, su impacto trascendió a la dictadura. Muchos de sus lineamientos —apertura, desregulación, protagonismo del mercado— reaparecieron en distintos momentos de la historia económica argentina.

Martínez de Hoz procedió a “liberar” (así se dijo) las tarifas de los servicios públicos (hoy lo llamaríamos tarifazo), el dólar (hoy diríamos devaluación), los controles de precios (las empresas aprovecharon para aumentar todo salvajemente). ¿Adivinen que quedó congelado, o con incrementos mínimos que no cubrieron ni de lejos la fenomenal inflación que se desató? Obviamente, los salarios y las jubilaciones. Sólo en 1976, las y los trabajadores perdieron el 40% de su poder adquisitivo. Eso fue garantizado mediante la prohibición de toda actividad gremial y la más feroz y despiadada represión sobre el activismo, con miles de desaparecidos

La comparación ya no es solo histórica, empieza a ser política. La liberalización financiera, la apertura irrestricta de importaciones y el atraso cambiario que impulsó José Alfredo Martínez de Hoz durante la dictadura encuentran hoy ecos en el programa económico del gobierno de Javier Milei y su ministro Luis Caputo.
 

Entonces, como ahora, el discurso se construye sobre la promesa de estabilidad y eficiencia del mercado. Pero la historia ya mostró sus consecuencias: especulación financiera, endeudamiento acelerado, destrucción del aparato productivo y un costo social que recae sobre los sectores más vulnerables.
 

No es un debate técnico. Es un modelo de país. Por eso, a 50 años del golpe, la discusión sobre aquel plan económico deja de ser un ejercicio académico. Se convierte en una advertencia.

Porque cuando la historia empieza a repetirse, la memoria deja de ser pasado. Se vuelve una herramienta para entender el presente.

Y también, para decidir el futuro. Porque más allá del contexto histórico, el plan de Martínez de Hoz dejó algo más que medidas económicas.

Dejó una forma de pensar la Argentina.

Y ese modelo, con sus consecuencias, sigue siendo parte de la discusión política actual.

 

 

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