Nacional

Gallo libre y libertarios en shock

La liberación del gendarme Nahuel Gallo, tras 448 días detenido en Venezuela, dejó algo más que una noticia humanitaria: expuso una incomodidad política evidente en el oficialismo.

  • 03/03/2026 • 02:20

La gestión de AFA descolocó al Gobierno y abrió una crisis de relatoLa gestión encabezada por Claudio “Chiqui” Tapia a través de la AFA sorprendió a la Casa Rosada, que durante horas no logró articular una explicación clara sobre cómo un dirigente del fútbol consiguió lo que el Gobierno no había podido resolver en un año y medio.
 

El desconcierto fue tal que la primera reacción no fue institucional sino narrativa: instalar teorías conspirativas, deslizar sospechas y hasta hablar de posibles denuncias contra el titular de la AFA. El golpe al relato


Durante meses, la administración libertaria sostuvo un discurso de confrontación abierta con el régimen de Nicolás Maduro. En ese contexto, la diplomacia argentina estaba virtualmente congelada.


La liberación de Gallo no llegó por un giro geopolítico ni por una acción coordinada entre cancillerías. Llegó por una negociación institucional que involucró a la AFA y a la Federación Venezolana de Fútbol, un canal alternativo que logró abrir una puerta donde la política exterior había quedado trabada. Eso dejó al oficialismo sin libreto.


Porque si la narrativa era que solo una presión internacional encabezada por aliados estratégicos podía destrabar el caso, la foto final mostró otra cosa: un vuelo gestionado por el fútbol argentino y dirigentes deportivos recibiendo al gendarme liberado.

 

Cómo liberaron al gendarme Gallo: diplomacia paralela, una diputada ligada a la SIDE, el avión de la AFA y Milei en offside - elDiarioAR.com
La foto que incomodó


Los libertarios quedaron descolocados porque el Chiqui Tapia logró liberar al gendarme

Patricia Bullrich apareció en Ezeiza para la foto oficial. Pero la secuencia es contundente: la gestión humanitaria fue impulsada por la AFA, y la delegación que viajó a buscar a Gallo no fue enviada por el Ministerio de Seguridad ni por Cancillería.

En política, las imágenes importan. Y esta vez, la imagen no fue diseñada por la Casa Rosada.

La incomodidad fue tal que desde sectores libertarios comenzaron a deslizar versiones extremas: hablaron de supuestos vínculos, insinuaron irregularidades y hasta trascendió la posibilidad de denunciar a Tapia por delitos graves. El tono de la reacción evidenció más desconcierto que convicción.


De la diplomacia al enojo

El dato que descolocó al oficialismo es simple: mientras durante un año y medio se multiplicaron declaraciones mediáticas, el desenlace llegó por un canal distinto al gubernamental.

Eso no significa que el Estado no haya intervenido en algún nivel —toda liberación internacional implica autorizaciones formales— pero el motor de la negociación final no fue político, fue institucional-deportivo.Y ese matiz es el que altera el reparto del crédito.

Lo que quedó en evidencia es una disputa por el mérito. No por la libertad de Gallo —celebrada por todos— sino por quién puede mostrarla como logro propio. La reacción libertaria no fue de celebración compartida sino de defensa del relato.

La liberación de Nahuel Gallo dejó algo más profundo que una foto incómoda: dejó en evidencia que el Gobierno no controló el desenlace de un caso que había convertido en bandera discursiva durante más de un año.

Cuando el resultado llegó por un canal inesperado —la AFA— la reacción no fue institucional ni madura. Fue defensiva. Se habló de conspiraciones, se insinuaron delitos y hasta se deslizó la posibilidad de denunciar a quien logró lo que el Estado no había conseguido.

Bullrich reconoció inacción del Gobierno ante la liberación de Nahuel Gallo

En lugar de reconocer una gestión que funcionó, el oficialismo optó por intentar deslegitimarla. Y ahí es donde el episodio deja de ser humanitario para volverse político.

Porque cuando un gobierno reacciona con enojo ante una solución efectiva solo porque no la protagonizó, el problema ya no es diplomático: es de ego y de poder.

La libertad de Gallo no debería ser un trofeo partidario. Pero si alguien quedó expuesto en esta historia, no fue quien gestionó el puente humanitario.

 

 

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