Según la información que circula desde medios políticos, Karina coordinó y siguió de cerca cada paso de la sesión en la Cámara baja, en una estrategia para asegurar que el oficialismo consiga los votos necesarios para que la reforma —que ya obtuvo media sanción en el Senado— avance sin mayores tropiezos.  Esta maniobra se da en un contexto de fuerte rechazo gremial y social, con sectores que ven en la “modernización” laboral un retroceso de derechos conquistados y una reducción salarial encubierta.    La presencia de Karina en el centro de la escena política no es casual: desde la Casa Rosada buscan darle un perfil operativo y político a su rol, transformándola en la figura visible que empuja las prioridades del Ejecutivo en el Congreso, incluso por encima de ministros o legisladores tradicionales.  Este liderazgo “en primera línea” alimenta la percepción de un gobierno que concentra poder en una cúpula familiar y reduce la política a una cuestión de maquinaria de votos más que de debate de fondo.   Tras eliminar del proyecto el artículo más cuestionado —el referido a las licencias médicas— el oficialismo cree contar con respaldo suficiente para aprobar la ley en general. En la Casa Rosada calculan que podrían reunir alrededor de 140 votos positivos. La reforma laboral también dejó internas en el Gobierno. El manejo del proyecto generó malestar entre distintos sectores del gabinete, sobre todo por la aparición del artículo sobre licencias médicas que luego debió ser retirado.   Mientras tanto, sindicatos, organizaciones sociales y amplios sectores de la oposición advierten que esta reforma, empujada con urgencia y presión política, no solo precariza las condiciones laborales —permitiendo jornadas de hasta 12 horas o barateando despidos— sino que representa un nuevo capítulo de desbalance entre poder y ciudadanía en Argentina.        Canal WhatsApp: https://whatsapp.com/channel/0029VbBqLhV4tRroiQaqOB0M Y en nuestra: Red X (EX Twitter): https://x.com/El_Pulso_P