La casa madre del fútbol argentino, que preside Claudio Tapia, tomó una decisión estratégica que va mucho más allá del deporte: rompió definitivamente con el contrato de televisación que mantenía con Clarín y Torneos para la Primera Nacional y la Primera B Metropolitana, dos de las principales categorías del ascenso del fútbol argentino.   El contrato, vigente desde 2016 y renovado en 2019, dejó de existir con la temporada 2025, y a partir de 2026 los partidos se transmitirán por la plataforma de streaming propia de la AFA —AFA Play—, un paso que significó recuperar derechos y controlar un negocio tradicionalmente dominado por los grandes medios del país.    Desde AFA aseguran que la medida no sólo es una cuestión deportiva, sino también una decisión de soberanía institucional: transmitir directamente los partidos del ascenso genera nuevos ingresos y mayor visibilidad para las categorías más humildes, al mismo tiempo que fortalece la conexión directa con los hinchas sin intermediarios que, según la dirigencia, priorizan sus propios intereses comerciales sobre el bien del fútbol argentino.    También se subraya que la decisión fue respaldada por la mayoría de los clubes de ascenso, que ven un potencial de crecimiento económico y de ingresos mucho mayor a través de formatos digitales propios que con la distribución tradicional de derechos que dominaba el mercado.        Desde ahora, el Ascenso deja de depender de intermediarios y pasa a estar bajo control directo de la casa madre.   El esquema será progresivo. Durante las primeras fechas el acceso será libre y sin registro. Luego se exigirá crear una cuenta gratuita y, en una etapa posterior, se implementará una suscripción mensual cuyo valor aún no fue oficializado —aunque dirigentes estiman que rondaría los 10 dólares. El mensaje es claro: autonomía operativa, monetización directa y construcción de una base de datos propia de usuarios.   La producción general estará a cargo de la empresa La Corte, con experiencia en transmisiones deportivas de alto nivel. Aún no se definió públicamente quiénes serán los periodistas encargados de las transmisiones, aunque desde la AFA aseguran que el objetivo no es desplazar trabajadores sino reconvertir el modelo de cobertura.   LPF Play no es una plataforma improvisada. Lleva más de tres años operativa, supera los 600 mil usuarios registrados y actualmente transmite futsal, fútbol femenino, inferiores, categoría Proyección y contenidos institucionales. La incorporación del Ascenso implica dar un salto cualitativo hacia un modelo que ya aplican organizaciones como FIFA, UEFA, NBA o NFL: producción y distribución propia del contenido.   En términos políticos, el movimiento consolida la estrategia de independencia comercial y financiera que la AFA viene desarrollando en los últimos años. Controlar la pantalla es controlar el relato, los ingresos y la proyección internacional de los clubes. Y en un contexto de tensiones con grupos mediáticos tradicionales, la decisión adquiere un significado que excede lo deportivo.   La AFA apuesta a convertir al Ascenso en un producto exportable, con llegada global y monetización directa. No es solo streaming: es un reposicionamiento institucional en el ecosistema del negocio del fútbol.   La ruptura con Clarín se produce en un escenario en el que el gobierno nacional y grandes medios han mantenido una relación tensa con la AFA, especialmente luego de que esta entidad optara por sus propios acuerdos de transmisión y transparencia, un paso que algunos analistas interpretan como un giro hacia una mayor autonomía respecto de intereses comerciales y presiones externas. (Podes leer:¨Cómo operan Clarín y La Nación: del off al linchamiento público¨) Durante meses, la presión mediática fue tan evidente como sistemática. Títulos catástrofe, tapas reiteradas, informes especiales en prime time y columnas de opinión que rozaban la condena anticipada funcionaron como un mensaje implícito: si la AFA no renovaba la televisación en los términos pretendidos por los grupos concentrados, el costo sería una exposición permanente y hostil. Ese “modo apriete”, disfrazado de periodismo de investigación, buscó condicionar decisiones comerciales e institucionales con la amenaza de un desgaste público constante. La respuesta de la AFA fue cortar el cordón umbilical y avanzar con su propia plataforma.   Más allá del impacto deportivo —con partidos que ahora se podrán ver por AFA Play y nuevas formas de acceso digital—, la decisión simboliza un gesto de crítica directa al modelo tradicional de acuerdos televisivos, cuestionado por muchos como una red de negocios cerrados que priorizaba beneficios de intermediarios por encima de la sustentabilidad real de los clubes y de la visibilidad de las categorías inferiores.    El interrogante ahora no es deportivo sino político. ¿Cómo reaccionarán los grupos mediáticos que durante años tuvieron el control de la pantalla y, con ella, del negocio del Ascenso? La pérdida de ese espacio implica menos influencia, menos pauta y menos capacidad de presión. No sería extraño que, frente a este nuevo escenario, se intensifique el tono crítico y reaparezcan denuncias amplificadas, tapas rimbombantes y operaciones cruzadas. La pregunta queda flotando: ¿continuará la cacería de brujas contra la AFA cada vez que avance en su autonomía comercial?