Economía

Privatización escandalosa: el modelo Milei para ganar sin inversión

El interés del Grupo Mexicano por los ferrocarriles argentinos expuso el verdadero trasfondo del modelo que impulsa el gobierno de Javier Milei: concesiones sin inversión, rechazo al tren de pasajeros y un esquema diseñado para garantizar rentabilidad privada con mínimos riesgos. Detrás del discurso de eficiencia, aparece un negocio limpio para pocos y un sistema ferroviario condenado al abandono.

  • 03/02/2026 • 11:28

El desembarco del Grupo Mexicano en el negocio ferroviario argentino dejó al descubierto una verdad incómoda para el Gobierno: los privados no quieren hacerse cargo del sistema, quieren explotarlo sin invertir. El holding fijó tres límites innegociables para avanzar sobre Belgrano Cargas: no trenes de pasajeros, no sistema de open access y no licitaciones desintegradas. Traducido: nada que implique costos, obligaciones o control estatal.
 

Lejos de una discusión técnica, el planteo es político y económico. El tren de pasajeros requiere inversión sostenida, mantenimiento permanente, renovación de material rodante y una lógica de servicio público. Justamente por eso es lo primero que los privados descartan. En cambio, el transporte de cargas permite operar con infraestructura heredada, bajo nivel de inversión y márgenes de ganancia mucho más altos.
 

He aquí el punto principal: si el concesionario se hace cargo de pasajeros, tiene que poner plata. Si se queda sólo con la carga, no invierte y factura. Así de simple. Toda la ecuación cierra para el privado y queda el Estado sosteniendo lo que no es rentable.
 

El rechazo al open access también va en la misma línea. Un sistema abierto permitiría competencia, control cruzado y mayor transparencia. El Grupo Mexicano lo descarta porque prefiere un esquema cerrado, donde quien controla la vía controla el negocio. Sin competencia, sin regulación real y con el Estado corrido del tablero.
 

Lo que completa el combo: descartar una licitación atomizada. Separar vías, talleres y material rodante permitiría mayor control público y evitaría monopolios. Pero ese modelo obliga a coordinar, invertir y rendir cuentas. Justamente lo que el capital privado no está dispuesto a hacer.
 

Entrevista con Javier Milei, presidente de Argentina

Detrás del discurso libertario de “eficiencia” y “fin del gasto”, el plan ferroviario de Milei avanza en sentido inverso: privatizar ganancias y estatizar costos. El Estado se retira de la planificación, pero queda como garante de lo que el privado no quiere tocar. Pasajeros, infraestructura, desarrollo federal: todo afuera.
 

No es casual que el tren de pasajeros sea el gran perdedor del modelo. Es integración territorial, acceso al transporte y desarrollo regional. Exactamente lo contrario de un esquema pensado sólo en la rentabilidad contable. En este marco, el ferrocarril deja de ser una política de Estado para convertirse en un activo financiero.
 

La paradoja es brutal: quienes prometieron terminar con los privilegios arman un sistema a medida de los grandes grupos económicos. Sin inversión, sin riesgo y con control total del negocio. El tren no vuelve, el país no se integra y el Estado paga la cuenta.
 

Lo que se presenta como modernización es, en realidad, un retroceso histórico. Y una vez más, el ferrocarril argentino queda rehén de un modelo que prioriza balances privados por sobre el interés público.

 

 

 

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