El nuevo ministro del Interior, Diego Santilli, está en funciones antes de la formalidad. Aunque falta su juramento —previsto en los próximos días— el diputado ya debutó en la reunión del gabinete, se desplazó por la Casa Rosada como miembro pleno del equipo de gobierno y comenzó a delinear su futuro operativo.   Durante el encuentro matinal en el Salón Eva Perón, Santilli caminó junto a Martín Menem y “Lule” Menem, avanzando hasta el despacho de este último ante la mirada atenta del entorno presidencial. Un café informal pero simbólico que dejó en claro qué redes políticas están activas y cuál es el nivel de incidencia de Karina Milei en el nuevo armado. Ella fue quien, según fuentes del círculo rojo, lo llamó para ofrecerle el cargo: el mandato fue claro, “coordinar gobernadores y cerrar reformas”.   El nuevo ministro manifestó desde su primer acto tres rasgos centrales de su gestión: - Puente territorial: en su breve diálogo con la prensa mencionó que no descarta reunirse con Axel Kicillof y otros gobernadores. El objetivo es claro: articulación federal. - Agenda de reformas: Santilli dijo que hablará “de bajar impuestos, del Pacto de Mayo para el futuro de los argentinos”, prioridades que quedaron definidas en la llamada orden que recibió. - Cohesión interna: su presencia anticipada en el gabinete sirve para encaminar el bloque interno antes de que su llegada formal sea símbolo sólo de decoración y no de poder real. El hecho de que Santilli se mueva como ministro antes de asumir legalmente marca una ruptura tradicional del ritual político: no se espera a la firma, se actúa. Esa velocidad es coherente con el estilo de Javier Milei, que apuesta a los hechos más que a los protocolos. Pero también abraza una tensión: la ausencia del trámite formal deja al cargo en una especie de limbo, lo que puede debilitar su legitimidad ante gobernadores, intendentes y la opinión pública.   Este escenario revela varios hilos de poder: Karina Milei refuerza su ascenso al centro de la toma de decisiones. Quienes se ocupaban del Interior y de las conversaciones con provincias —como Santiago Caputo— han quedado desplazados del foco inmediato.   El PRO concretó su integración operativa en el Gobierno, con Santilli como punta visible del armado. Ya no se trata de outsider, sino de actor de peso. El nuevo equipo ministerial arranca con el vértigo de ejecución, indicadores bajando, expectativas altas y poco margen para errores. Queda ahora por ver si esta instalación temprana de Santilli se traduce en gestión real: que convoque gobernadores con agenda definida, que imponga plan operativo, que accione la articulación federal que el Ejecutivo tanto reclama. Si no lo hace, su presencia prematura podría volverse en su contra, como señal de improvisación o de ocupación de cargo sin sustancia.   Santilli es ministro en las prácticas, pero aún no lo es en los papeles. Y esa situación resume el momento del Gobierno: urgencia de gestión, movimientos veloces, estructuras cambiantes. Para Milei, este acto simboliza que la segunda etapa ya comenzó. Para la política argentina, es el primer test de si se ganas cargos o se ganan procesos.       Canal WhatsApp: https://whatsapp.com/channel/0029VbBqLhV4tRroiQaqOB0M Y en nuestra: Red X (EX Twitter): https://x.com/El_Pulso_P