Patricia Bullrich formalizó su salto al Congreso: el 10 de diciembre dejará la cartera de Seguridad para asumir como senadora nacional por la Ciudad de Buenos Aires y desde ese lugar buscará empujar “reformas estructurales” que la coalición oficialista considera urgentes.    En una entrevista radial, la dirigente dejó clara su estrategia: intentar sumar apoyos fuera del núcleo duro opositor pero, al mismo tiempo, no descartar la táctica del “aislamiento” para quien se niegue a acompañar las iniciativas que proponga La Libertad Avanza. “Si algún kirchnerista se da cuenta de que está en el lado incorrecto, lo buscaremos… y si no pasa, tendremos que aislarlo”, afirmó la exministra, tomando por ejemplo el caso de Camau Espínola en Corrientes como antecedente de convivencia política con peronistas puntuales.    Esa frase sintetiza dos intenciones que conviven en el nuevo núcleo del poder: por un lado, la búsqueda pragmática de mayorías puntuales para avanzar con reformas tributarias, laborales y del Código Penal; por el otro, la voluntad de marcar y contener al kirchnerismo como bloque de bloqueo permanente si se resiste a la agenda oficial. Bullrich lo expuso sin ambages.    Respecto al contenido legislativo, Bullrich deslizó las prioridades: simplificar la economía, reducir cargas impositivas catalogadas por su espacio como “regresivas”, actualizar el Código Penal y reformar el marco laboral para “adecuarlo a las condiciones del mercado de trabajo”. Aseguró que su intención es que esas iniciativas no se demoren y que, si es posible, se discutan con celeridad —incluso en sesiones extraordinarias en diciembre— aunque reconoció que todo dependerá de la “capacidad de reunir mayorías” en ambas cámaras.    La jugada política tiene aristas. Bullrich reivindicó la “gobernabilidad popular” —es decir, el mandato que según ella expresaron las urnas— y apuntó a gobernadores afines (como Alfredo Cornejo o Rogelio Frigerio) como interlocutores clave para tejer apoyos provinciales. Al mismo tiempo, marcó distancia con el ala más intransigente y dejó entrever que la convivencia con la vicepresidenta Victoria Villarruel será institucional y funcional, más que afectiva.    La reacción del tablero político es previsible: para Juntos por el Cambio y sectores moderados, la propuesta suena a oferta racional; para el kirchnerismo, supone una clarificación del conflicto. El desafío práctico será convertir esas apuestas discursivas en votos legislativos. En la campaña y en el resultado electoral reciente, La Libertad Avanza mostró fortaleza electoral en varias provincias; ahora deberá demostrar capacidad de construcción política en el recinto.    Finalmente, Bullrich anticipó que la política de “firmeza” en seguridad permanecerá, independientemente de quién ocupe el ministerio en el equipo de gobierno. Ese mensaje busca consolidar una continuidad de gestión que, según ella, no está en discusión; el salto al Senado le permitirá —en su análisis— cuidar esa agenda desde una trinchera legislativa y política.    La declaración de Bullrich mezcla pragmatismo y presión: oferta de acuerdos a peronistas moderados por un lado; amenaza de aislamiento al kirchnerismo por el otro. Es una estrategia clásica de realineamiento pos-electoral: dar señales de mano extendida, pero también delimitar con firmeza el campo político. El resultado dependerá de la capacidad del oficialismo para transformar ese doble mensaje en mayorías y rutinas de gobernabilidad, o de si, por el contrario, termina profundizando la polarización que ya marcó la campaña electoral.         Canal WhatsApp: https://whatsapp.com/channel/0029VbBqLhV4tRroiQaqOB0M Y en nuestra: Red X (EX Twitter): https://x.com/El_Pulso_P