El silencio de pasillos se rompió con un rumor que se hace fuerte: el gobierno negocia internamente que el jefe de Gabinete Guillermo Francos sea sometido a una interpelación parlamentaria, como estrategia preventiva para frenar una posible moción de censura en su contra. Según fuentes del oficialismo y de bloque opositor, la idea es transformar una ofensiva legislativa en un trámite controlado por el Ejecutivo. La interpelación le daría al gobierno la posibilidad de exponer su versión ante la Cámara y diluir el impulso de los críticos. El trasfondo político es claro: varios diputados ya manifestaron voluntad de avanzar hacia una moción de censura por la ineficacia en áreas sensibles como salud, educación y seguridad. En ese clima, ofrecer una interpelación se ve como “gesto institucional” y maniobra de desgaste de esa ofensiva. Para que la maniobra prospere, el Ejecutivo debe conseguir aliados —legisladores moderados, bloques provinciales que dependen de recursos nacionales— para que respalden la interpelación antes que la censura. Ya se escuchan conversaciones en despachos de bloques provinciales seccionales. Sin embargo, el riesgo es doble: la interpelación abre espacio para declaraciones incómodas, acusaciones cruzadas y nuevos escándalos. Si Francos no sale bien parado del debate público, la interpelación puede volverse pistola sobre el gabinete. En la previa, el bloque oficialista trabaja sobre posibles temas de defensa: ejecución presupuestaria, gestión de recursos del gobierno y coordinación política con gobernadores. Esperan que esos puntos sirvan de blindaje discursivo para Francos. Mientras tanto, desde la oposición se advierten grietas: algunos dicen que aceptar la interpelación podría debilitar la presión sobre Francos y el Ejecutivo, y otros que es una trampa para desactivar una ofensiva legítima de control institucional. Esta negociación revela algo más profundo: que el gobierno vive en alerta permanente. No solo combate crisis económicas, escándalos políticos y caída de imagen: también debe blindar a sus propios funcionarios con maniobras institucionales. Que Francos quede defendido o expuesto dependerá de esa jugada política, que puede marcar un antes y un después para el gabinete y para la gobernabilidad del gobierno.