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Malestar en el PRO: Torres desentona apoyando listas ajenas en CABA

El gobernador de Chubut, Ignacio “Nacho” Torres, provoca malestar en el PRO al sumarse al acto de Provincias Unidas para respaldar candidaturas porteñas que van en contra del armado oficial. Irritación y críticas internas marcan grietas en la coalición amarilla.

  • 14/10/2025 • 14:12

Desde el interior del macrismo comienzan a oírse reproches contra Ignacio “Nacho” Torres. Que el gobernador de Chubut participe del acto de Provincias Unidas mañana en CABA para respaldar a Martín Lousteau y Graciela Ocaña no cayó bien en los despachos del PRO. 

El diputado nacional Cristian Ritondo, figura influyente dentro de la estructura PRO bonaerense, fue contundente: “Está mal que un gobernador que dice ser del PRO tenga un candidato por afuera en la provincia y en la ciudad de Buenos Aires.” En otras palabras: Torres pisa una frontera estratégica donde la coalición libertaria-macrista espera unidad, no sorpresas.

Lo más cuestionado no es sólo la presencia simbólica de Torres en ese acto, sino lo que representa: un alineamiento con fuerzas externas al PRO en territorio capitalino donde el PRO tiene candidatos propios (Patricia Bullrich para el Senado, Alejandro Fargosi para Diputados). La disidencia se siente como una implosión interna. 

En el PRO advierten contradicciones: Torres, históricamente crítico del acuerdo con La Libertad Avanza, ahora aparece con aliados del radicalismo y figuras que el PRO ve como competencia directa. Esa doble cara es lo que genera el malestar más profundo. 

El acto que congrega a gobernadores de diversas provincias bajo la bandera de una alternativa federal trasciende lo simbólico: es un desafío electoral para la polarización entre Milei y el peronismo. Y que un gobernador PRO se corra hacia ese lado altera el cálculo político interno. 

Para muchos en el partido amarillo, el fenómeno Torres no es aislado: refleja la tensión entre obedecer líneas partidarias nacionales y el deseo de ciertos gobernadores de construir protagonismo propio, incluso al margen de acuerdos electorales. Esa tensión puede marcar una ruptura si no se maneja con elegancia política.