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El Mundial ya no será de todos: Milei le abre el negocio a Telefé y Torneos

El Gobierno decidió no comprar los derechos del Mundial 2026 y rompió una tradición de más de medio siglo. La TV Pública no transmitirá el evento y el negocio quedó en manos de Telefé y Torneos. La medida, presentada como un ahorro, revela otra cara: el fútbol deja de ser patrimonio popular y pasa a ser un espectáculo administrado por privados.

  • 27/08/2025 • 08:46

Tal como ocurrió con la Copa América 2024, los medios públicos dejarán de percibir cifras millonarias en publicidad. El gobierno se queda fuera del Mundial: el fútbol argentino en manos de privados.
 

El gobierno nacional anunció que desistió de adquirir los derechos para transmitir el Mundial de Fútbol 2026. Por primera vez en medio siglo, el Estado desistió de comprar los derechos para el Mundial 2026, el evento más lucrativo del deporte.La TV Pública no financiará el evento, y el negocio se abre ahora al canal líder de audiencia Telefe, en alianza con la productora deportiva Torneos  
 

Los funcionarios justificaron la renuncia argumentando razones estrictamente financieras: “no vamos a gastar siete millones de dólares en fútbol”. Pero la jugada va más allá del ahorro. Al enviar el torneo a manos privadas, el gobierno abandona su rol de garante del acceso masivo y gratuito a un símbolo nacional  
 

El cambio de timón potencia el negocio de empresas que ya dominan el terreno: Telefe —que adquirió los derechos del Mundial de Clubes y busca otros grandes eventos— y Torneos, con décadas de experiencia en producción deportiva masiva  
 

El fútbol en Argentina no es solo un deporte: es parte de la identidad nacional. Cada partido despierta pasiones que trascienden la cancha y se convierten en un fenómeno cultural, social y hasta político. Y cuando se trata de un Mundial, la intensidad se multiplica: es la cita máxima que une a generaciones enteras, donde los argentinos reviven hazañas históricas como el ‘86 de Maradona o el 2022 de Messi. El Mundial no es un espectáculo cualquiera, es un ritual colectivo que paraliza al país, que se comparte en las calles, en las casas y en cada rincón donde una pantalla transmite el sueño de volver a tocar la gloria. Por eso, la decisión de que el torneo ya no se vea en la TV Pública impacta más allá de lo económico: significa resignar un espacio de encuentro popular que siempre fue patrimonio de todos. Esta decisión desinfló una tradición que fusionaba deporte, Estado y política
 

El gobierno tiene hasta diciembre para volver sobre sus pasos y presentar una oferta por la transmisión.

 

 

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